Biología y medicina
Luz azul y longevidad
La luz natural es crucial para nuestro ritmo circadiano, el ciclo de 24 horas de procesos fisiológicos como la actividad de las ondas cerebrales, la producción de hormonas y la regeneración celular.
Pero hay pruebas que sugieren que el aumento de la exposición a la luz artificial es un factor de riesgo para los trastornos del sueño y del ritmo circadiano. Y con el uso generalizado de la iluminación LED y de las pantallas de dispositivos como teléfonos inteligentes y ordenadores, los seres humanos estamos sometidos a cantidades cada vez mayores de luz en el espectro azul, ya que los LEDs de uso común emiten una elevada fracción de luz azul.
La luz azul es la de mayor energía dentro de la banda de la luz visible, y en el espectro queda justo al lado de la ultravioleta, que ejerce algunos efectos beneficiosos para el ser humano pero muchos perjudiciales. La luz azul artificial es la que mejor puede engañar a nuestro metabolismo haciendo que se comporte como si fuese de día. El engaño puede ser beneficioso si sirve para combatir el jet lag y acostumbrarnos a un nuevo horario de sueño, o perjudicial si desajusta el horario que nos conviene seguir.
La iluminación LED, incluso en los países más desarrollados, no se ha utilizado el tiempo suficiente para conocer sus efectos a lo largo de toda una vida humana de duración típica. Cada vez es mayor el temor de que la exposición prolongada a la luz artificial, especialmente a la luz LED enriquecida en azul, pueda ser perjudicial para la salud humana. Aunque todavía no se conocen todos los efectos de una exposición muy larga a la luz azul en seres humanos, el envejecimiento acelerado observado en organismos modelo de vida corta debería alertarnos sobre el potencial daño celular que la luz azul puede generarnos.
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Moscas expuestas a luz azul. (Foto: Oregon State University College of Science)
En una investigación anterior, el equipo de Jaga Giebultowicz, de la Universidad Estatal de Oregón en Estados Unidos, demostró que la exposición prolongada a la luz azul reducía la duración de la vida de las moscas, independientemente de si podían verla o no.
Los resultados de un nuevo estudio, a cargo de Giebultowicz y sus colegas, sugieren que los efectos perjudiciales de una exposición a la luz azul más prolongada que la derivada de la exposición normal a la luz natural, se agravan a medida que la persona envejece.
Entre los principales emisores domésticos de luz azul artificial destacan las pantallas de ordenador, las de teléfono MÓVIL y las lámparas LED.
El nuevo estudio se realizó sobre moscas de la especie Drosophila melanogaster, un importante organismo modelo por los mecanismos celulares y de desarrollo que comparte con otros animales y con los seres humanos. En el experimento se examinó la tasa de supervivencia de las moscas mantenidas en la oscuridad y luego trasladadas a edades progresivamente mayores a un entorno de luz azul constante procedente de diodos emisores de luz, o LEDs.
La transición de la oscuridad a la luz se produjo a los dos, 2, 40 y 60 días de edad.
En el estudio se prestó especial atención a los efectos de la luz azul sobre las mitocondrias de las células de las moscas.
Las mitocondrias actúan como central energética de la célula, generando trifosfato de adenosina, o ATP, una fuente de energía química.
Los resultados del estudio indican que la exposición crónica a la luz azul puede deteriorar las vías de producción de energía incluso en células que no están especializadas en detectar la luz. Giebultowicz y sus colegas comprobaron que aunque algunas reacciones en las mitocondrias disminuían con el envejecimiento, independientemente de la luz azul, otras sí menguaban y de manera notable cuanto mayor era la exposición a la luz azul.
Y también se aprecia en el nuevo estudio un empeoramiento de los efectos nocivos de la luz azul conforme es mayor la edad del sujeto. Dicho de otro modo, una exposición nociva a la luz azul lo es más cuanto más viejo es el individuo.
En la investigación anterior, las moscas sometidas a ciclos diarios de 12 horas en la luz y 12 horas en la oscuridad tenían vidas más cortas en comparación con las moscas mantenidas en la oscuridad total o con las mantenidas bajo una luz con las longitudes de onda azules filtradas.
Las moscas expuestas a la luz azul mostraban daños en las células de la retina y las neuronas del cerebro y tenían problemas de locomoción: la capacidad de las moscas para trepar por las paredes de sus recintos, un comportamiento habitual, estaba mermada.
Algunas de las moscas del experimento eran mutantes que no habían desarrollado ojos, e incluso esas moscas sin ojos mostraban deficiencias bajo luz azul, lo que sugiere que no era un requisito ver la luz que las moscas no tenían que ver la luz para verse perjudicadas por ella.
El nuevo estudio se titula “Age-dependent effects of blue light exposure on lifespan, neurodegeneration, and mitochondria physiology in Drosophila melanogaster”. Y se ha publicado en la revista académica npj Aging. (Fuente: NCYT de Amazings)



