Salud pública
Biogeografía de la transmisión de la fiebre amarilla
La fiebre amarilla es una enfermedad causada por un flavivirus que se encuentra en áreas tropicales y subtropicales de África y Sudamérica. La creciente globalización, de la humanidad, materializada a través de fenómenos sociales como el aumento de la cantidad de viajeros que transportan el virus de una parte a otra del mundo, así como la expansión de mosquitos vectores por culpa del calentamiento global, permiten la aparición de nuevos linajes del virus y el incremento del riesgo para la salud de los seres humanos. Por este motivo, es necesario conocer cómo está cambiando el área de riesgo de esta enfermedad a escala global, con el objetivo de prevenir y responder eficientemente a la presencia de nuevos brotes.
El grupo de Biogeografía, Diversidad y Conservación del Departamento de Biología Animal de la Universidad de Málaga (UMA) en España, ha completado una investigación en la que se profundiza en la dinámica de crecimiento del riesgo global de transmisión de la fiebre amarilla a los humanos.
El estudio también ha profundizado en la geografía de la influencia de otros primates y de determinados mosquitos sobre la transmisión en regiones selváticas de América y África. Estos mosquitos -no cualquiera, sino el Aedes Aegypti, y el Aedes Albopictus (el mosquito tigre) actúan como vectores de la transmisión de la fiebre amarilla, tanto en la transmisión zoonótica -la que tiene lugar desde primates no humanos a personas- como en la transmisión antroponótica, que se produce de persona a persona.
Según exponen los científicos, el contacto entre primates y humanos, favorecido por la deforestación, es creciente, por lo que aumenta el riesgo de que emerjan nuevas variantes víricas que llegan a la población humana. En este estudio de la UMA se comprueba que existe un papel potencial importante de los primates en la transmisión en el sureste de Brasil, una zona en la que hacía décadas que no se daban casos de fiebre amarilla, pero en la que desde hace unos años los hay con frecuencia.
El estudio está firmado como primera autora por la alumna de Doctorado Alisa Aliaga, a la que acompañan Raimundo Real, Jesús Olivero, Marina Segura y Carlos Marfil-Daza. Se ha elaborado en colaboración con el Centro de Vacunación Internacional de Málaga, dependiente del Ministerio de Sanidad.
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Miembros del equipo de investigación. (Foto: UMA)
Los resultados del estudio pronostican que, en Sudamérica, el potencial para la transmisión zoonótica (es decir, por primates no humanos) de la fiebre amarilla abarca regiones al oeste, este y centro de la cuenca del Amazonas, y gran parte del Bosque Atlántico de Brasil (Mata Atlántica). En África, este potencial podría afectar a algunas zonas al norte de sabanas abiertas y boscosas, y al sur de las selvas centroafricanas.
La implicación de los primates no humanos en la transmisión del virus a nuestra especie en regiones como el sureste de Brasil, y la alta tasa de evolución reciente de este patógeno, podrían causar que nuevas variantes acaben llegando a las poblaciones humanas, teniendo en cuenta que los ciclos zoonóticos están, a menudo, estrechamente relacionados con las zonas urbanas.
La fragmentación de los bosques tiende a amplificar el riesgo de transmisión de la enfermedad al aumentar la proximidad entre las poblaciones humanas y la fauna. El estudio propone una lista de especies de primates a tener en cuenta si se abordase la vigilancia de la fiebre amarilla en estas especies. Se trata de primates pertenecientes a 13 géneros en Sudamérica y a 11 géneros en África en los que, en ocasiones, se ha comprobado la infección por el virus de la fiebre amarilla; y cuya distribución geográfica coincide con la de los casos humanos de enfermedad.
Estos análisis pueden ayudar a identificar nuevas áreas que podrían ser prioritarias para la vacunación, para lo cual se propone considerar tres escenarios geográficos de transmisión de la fiebre amarilla.
El primero describe zonas con condiciones muy favorables, tanto para la presencia del virus, como para la de mosquitos que actúan como vectores. Es el caso de algunas zonas de África Occidental, África Central y el sur de Brasil. Los modelos apoyan el programa de vacunación previsto por el Ministerio de Salud brasileño en 2019 en muchos estados del este de Brasil, aunque esta zona aún no es considerada prioritaria por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos.
El segundo escenario describe zonas con riesgo bajo -pero no despreciable- de transmisión de la fiebre amarilla, las cuales se encuentran en el norte de Namibia, el oeste de Zambia, el este de Etiopía, y en algunas regiones de Somalia. La OMS y los CDC no consideran estas zonas prioritarias para vacunación.
Por último, el tercer escenario describe zonas ambientalmente favorables a la presencia de mosquitos vectores, pero no tanto a la aparición del virus. Esta situación se da, por ejemplo, en América del Norte, el sur de Europa, Asia y Oceanía, que están fuera del área endémica de la fiebre amarilla. En esta situación, la política de gestión más adecuada consistiría en prevenir la introducción del virus a través de los viajeros internacionales. Hay países que no exigen a los viajeros el certificado de vacunación contra la fiebre amarilla, y sin embargo se encuentran en zonas de alto riesgo en las que la OMS recomienda la vacunación. También podría establecerse la obligación de vacunar a todos los ciudadanos que ingresen a países con riesgo alto o medio de transmisión de la enfermedad. En las zonas con presencia estable de vectores de la fiebre amarilla que están cerca de las zonas endémicas, la vacunación debería ser una opción a considerar. Un ejemplo positivo a seguir, en este sentido, es el programa de vacunación de la OMS en las provincias del norte de Argentina.
El estudio se titula “Yellow fever surveillance suggests zoonotic and anthroponotic emergent potential”. Y se ha publicado en la revista académica Communications Biology. (Fuente: UMA)



