Neuropsicología
Trastorno obsesivo-compulsivo y el tamaño de dos estructuras cerebrales
Una investigación reciente ha explorado hasta qué punto el tamaño de dos estructuras cerebrales podría ayudar a predecir la eficacia de la terapia psicológica conductual en niños con trastorno obsesivo-compulsivo.
El estudio lo ha llevado a cabo un equipo integrado, entre otros, por Sara Bertolín, del Hospital Universitario de Bellvitge (HUB) en Hospitalet de Llobregat, Barcelona, y Carles Soriano, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB).
En la población infantil, el trastorno obsesivo compulsivo se manifiesta por lo general con ansiedad ante situaciones que se perciben como molestas o poco controlables. Esto conduce a la necesidad de, por ejemplo, organizar las cosas de una determinada manera, repetir palabras o conductas un número determinado en ocasiones, o asegurarse repetidamente de que una acción, como la de apagar la luz, se ha hecho con éxito.
Estos síntomas interfieren en el desarrollo normal de las actividades familiares, sociales y académicas de estos niños, y afectan significativamente a su bienestar y al de sus familias.
El tratamiento de elección para estos casos es la terapia cognitivo-conductual, una forma de intervención psicológica que se basa en exponer al paciente, de forma controlada, a las situaciones que le generan ansiedad y dejar que esta ansiedad se acabe extinguiendo. Además, para conseguir esta normalización de la ansiedad durante la exposición a las situaciones temidas, a menudo se utilizan estrategias cognitivas o de modulación del pensamiento.
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Sara Bertolín y Carles Soriano, del equipo de investigación. (Foto: UB / IDIBELL)
El tamaño de dos estructuras cerebrales se asocia con la respuesta a la terapia psicológica cognitivo-conductual en niños con trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), según las conclusiones a las que se ha llegado en el citado estudio, liderado por equipos de la Universidad de Barcelona; el Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL); ubicado en Hospitalet de Llobregat y que forma parte de la institución CERCA de la Generalitat de Cataluña; el Hospital Universitario de Bellvitge; y el Centro de Investigación Biomédica en Red de Salud Mental (CIBERSAM) en España.
El análisis por resonancia magnética del cerebro de 168 niños y adolescentes procedentes de centros de todo el mundo reveló que quienes presentaban un tamaño superior al habitual en dos estructuras de la corteza prefrontal mostraban una mayor reducción de los síntomas obsesivocompulsivos, después de la intervención con terapia de la conducta.
Los resultados obtenidos podrían significar que aquellos pacientes que tienen más desarrolladas estas estructuras prefrontales —que están relacionadas con la respuesta a la ansiedad— podrían tener más capacidad para aprovechar las estrategias de regulación emocional que proporciona la terapia de conducta.
Carles Soriano, profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona (UB), investigador principal en IDIBELL y miembro de CIBERSAM, indica que «la identificación de estas estructuras puede suponer una gran mejora en el manejo clínico de los niños y niñas con TOC. Aunque la terapia conductual tiene una efectividad superior al 60%, todavía desconocemos gran parte de los mecanismos de acción. Esto nos impide predecir qué pacientes pueden beneficiarse».
En el mismo estudio se examinó también a una amplia muestra de adultos, pero no se observó una correlación entre el tamaño de las citadas estructuras cerebrales y la eficacia de la terapia. Así, aunque la terapia de conducta es igualmente efectiva, los resultados indican que los mecanismos de acción de esta intervención pueden diferir respecto a los de los niños.
El estudio se titula «Right Prefrontal Cortical Thickness Is Associated With Response to Cognitive-Behavioral Therapy in Children With Obsessive-Compulsive Disorder». Y se ha publicado en la revista académica Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry. (Fuente: UB)



