Contaminación y salud
La amenaza de los microplásticos para la salud de los huesos
La producción y el uso de más de 400 millones de toneladas de plástico por año han contaminado playas, ríos e incluso los puntos más profundos de los océanos, a once mil metros de profundidad. Más allá de los impactos ambientales visibles, el plástico también influye en el cambio climático global: se estima que su producción es responsable de generar 1800 millones de toneladas de gases de efecto invernadero cada año. Evidencias científicas sugieren, además, que el uso cotidiano de materiales plásticos también ha afectado a la salud humana.
Una gran cantidad de partículas de plástico, que se desprenden de cortinas, muebles, ropa u otros objetos hechos de este material, queda suspendida en el aire, se disuelve en el agua potable o se adhiere a los alimentos, pudiendo ser inhalada, ingerida o entrar en contacto con la piel. Como resultado, los científicos ya han encontrado microplásticos en la sangre, el cerebro, la placenta, la leche materna e incluso en los huesos humanos.
Un equipo encabezado por Lauter E. Pelepenko, de la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) en Sao Paulo, Brasil, ha finalizado un estudio en el cual revisó 62 investigaciones previas y constató que los microplásticos también perjudican la salud ósea de diferentes maneras. Un ejemplo notable es la capacidad de estos materiales para comprometer las funciones de las células madre de la médula ósea, al favorecer la formación de células multinucleadas, llamadas osteoclastos, que degradan el tejido en un proceso conocido como reabsorción ósea.
El estudio está vinculado a un proyecto de investigación respaldado por la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Sao Paulo (FAPESP) de Brasil.
“El potencial de impacto de los microplásticos en los huesos es motivo de estudios científicos y no es despreciable. Por ejemplo, estudios in vitro con células del tejido óseo demostraron que los microplásticos dañan la viabilidad celular, aceleran el envejecimiento de las células y alteran la diferenciación celular, además de promover inflamación”, afirma Rodrigo Bueno de Oliveira, coautor del estudio y coordinador del Laboratorio para el Estudio Mineral y Óseo en Nefrología (LEMON) de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Estatal de Campinas.
Oliveira relata además que estudios realizados en animales descubrieron que, con la aceleración de la senescencia de los osteoclastos, puede producirse un deterioro de la microestructura ósea y displasia, lo que puede provocar debilitamiento, deformidades y, posiblemente, facilitar la aparición de fracturas patológicas. “En ese estudio, los efectos adversos observados culminaron, de manera preocupante, en la interrupción del crecimiento esquelético de los animales”, señala el investigador.
Oliveira explica también que, aunque los efectos de estas partículas en las propiedades mecánicas de los huesos aún no se conocen completamente, los datos sugieren que la presencia del material circulando en la sangre, por ejemplo, podría comprometer la salud ósea. “Lo más impresionante es que un conjunto significativo de estudios sugiere que los microplásticos pueden llegar a la intimidad del tejido óseo, como la médula ósea, y potencialmente causar diversas alteraciones en su metabolismo”, concluye.
El estudio del equipo de Pelepenko y Oliveira se titula “Effects of microplastics on the bones: a comprehensive review”. Y se ha publicado en la revista académica Osteoporosis International.
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Fotografía tomada mediante microscopio en la cual se muestra el interior de una célula ósea de tipo MG-63. Dentro del citoplasma, hay micropartículas de plástico (resaltadas en color azul). El núcleo de la célula se muestra en color rojo. (Imagen: Mariana Cassani de Oliveira / LEMON / FCM-UNICAMP)
En cuanto a los pasos futuros en esta línea de investigación, Oliveira y sus colegas están comenzando un proyecto de investigación que comprobará en la práctica lo que parece perfectamente posible en la teoría: la relación entre la exposición a los microplásticos y el agravamiento de las enfermedades óseas metabólicas. A partir de una investigación con modelo animal, los científicos estudiarán el efecto del microplástico en la resistencia de los huesos del fémur de roedores.
De acuerdo con la IOF (International Osteoporosis Foundation), la prevalencia de fracturas por osteoporosis está aumentando en todo el mundo debido al envejecimiento de la población. Se estima que habrá un incremento del 32% en las fracturas por osteoporosis hasta el año 2050.
“Mejorar la calidad de vida y reducir el riesgo de complicaciones óseas, como las fracturas, es una prioridad en el área de la salud. Ya sabemos que prácticas como el ejercicio físico, una alimentación equilibrada y los tratamientos farmacológicos contribuyen significativamente a ello. Sin embargo, a pesar de que las enfermedades osteometabólicas están relativamente bien comprendidas, existe una laguna en cuanto a la influencia de los microplásticos en el desarrollo de estas enfermedades. Por eso, uno de nuestros objetivos es obtener evidencias que indiquen que los microplásticos podrían ser una posible causa ambiental, controlable, para explicar, por ejemplo, el aumento pronosticado de fracturas óseas”, afirma Oliveira. (Fuente: FAPESP)



