Ecología
Fracking: riesgos ambientales, sanitarios y climáticos de una técnica energética bajo debate
La fracturación hidráulica, conocida popularmente como fracking, es una técnica de extracción de gas y petróleo no convencional que ha transformado el panorama energético mundial en las últimas dos décadas. Consiste en inyectar a gran presión una mezcla de agua, arena y productos químicos en el subsuelo para fracturar formaciones rocosas profundas y liberar hidrocarburos atrapados.
Aunque sus defensores la presentan como una vía para garantizar el suministro energético y reducir la dependencia exterior, el fracking acumula una creciente evidencia científica que alerta sobre sus riesgos ambientales, impactos en la salud humana y consecuencias climáticas.
Riesgos ambientales del fracking
Contaminación de acuíferos y aguas superficiales
Uno de los riesgos más documentados del fracking es la contaminación del agua potable. Durante el proceso se emplean cientos de sustancias químicas, algunas de ellas tóxicas, cancerígenas o disruptoras endocrinas. Filtraciones accidentales, fallos en el sellado de los pozos o vertidos de aguas residuales pueden permitir que estos compuestos alcancen acuíferos subterráneos.
Diversos estudios han detectado metano, benceno y otros contaminantes en aguas cercanas a explotaciones de fracking, lo que supone un riesgo directo para el consumo humano y los ecosistemas acuáticos.
Consumo masivo de agua
Cada pozo de fracking puede requerir entre 10 y 30 millones de litros de agua, un volumen especialmente problemático en regiones con estrés hídrico. A esto se suma que gran parte de esa agua regresa a la superficie contaminada y no puede reutilizarse fácilmente, agravando el impacto sobre los recursos hídricos locales.
Sismicidad inducida
El fracking y, sobre todo, la inyección de aguas residuales en pozos profundos están asociados a un aumento de la actividad sísmica inducida. En zonas donde antes apenas se registraban terremotos, se han observado movimientos sísmicos que, aunque generalmente moderados, pueden causar daños materiales y aumentar la percepción de riesgo entre la población.
![[Img #77683]](https://noticiasdelaciencia.com/upload/images/01_2026/5091_1019px-gasbohrung__soehlingen_z_.jpg)
(Foto: Wikimedia Commons)
Impactos del fracking en la salud humana
Exposición a sustancias tóxicas
Las comunidades cercanas a explotaciones de fracking presentan una mayor exposición a compuestos orgánicos volátiles (COV), óxidos de nitrógeno y partículas en suspensión. Estas emisiones proceden del tráfico pesado, la quema de gas (flaring) y las fugas durante la extracción.
Investigaciones epidemiológicas han relacionado la proximidad a pozos de fracking con un aumento de problemas respiratorios, dolores de cabeza, complicaciones en embarazos y mayor incidencia de ciertos tipos de cáncer, aunque la comunidad científica sigue reclamando más estudios a largo plazo.
Ruido, tráfico y deterioro de la calidad de vida
Más allá de los efectos químicos, el fracking altera profundamente el entorno: ruido constante, iluminación nocturna, aumento del tráfico de camiones y fragmentación del territorio. Todo ello tiene un impacto negativo en la salud mental y el bienestar social de las poblaciones afectadas.
Fracking y cambio climático: un falso aliado
Uno de los argumentos habituales a favor del fracking es que el gas natural emite menos CO₂ que el carbón. Sin embargo, este razonamiento ignora un factor clave: las fugas de metano. El metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono a corto plazo.
Diversos análisis indican que, si las fugas superan ciertos umbrales —algo frecuente en explotaciones no convencionales—, el fracking puede tener un impacto climático igual o incluso peor que los combustibles fósiles tradicionales. Además, invertir en fracking retrasa la transición hacia energías renovables.
Un debate abierto con decisiones a largo plazo
El fracking plantea un dilema complejo entre seguridad energética y protección ambiental. Países como Francia o Alemania han optado por prohibirlo o suspenderlo aplicando el principio de precaución, mientras que otros continúan expandiendo su uso.
La evidencia científica disponible sugiere que los riesgos del fracking no son marginales, sino estructurales. En un contexto de emergencia climática y escasez de recursos, la pregunta clave no es solo si el fracking es rentable hoy, sino si es compatible con un futuro sostenible y saludable.

