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Redacción
Lunes, 12 de Enero de 2026
Psicología

El origen de la intuición humana, nuestro “sexto sentido”

La intuición humana ha sido durante siglos un misterio fascinante. ¿Cómo es posible que, a veces, sepamos algo sin poder explicar exactamente por qué? Desde decisiones rápidas hasta corazonadas que parecen anticiparse a los hechos, la intuición ocupa un lugar ambiguo entre la razón y la emoción. Hoy, la neurociencia, la psicología evolutiva y la biología cognitiva empiezan a arrojar luz sobre el origen de la intuición humana, revelando que este fenómeno está lejos de ser mágico: es profundamente biológico.

 

¿Qué es la intuición según la ciencia?

 

En términos científicos, la intuición puede definirse como la capacidad de procesar información de manera rápida e inconsciente, basándose en experiencias previas y patrones aprendidos, sin pasar por un razonamiento consciente paso a paso. No es lo opuesto al pensamiento racional, sino un complemento.

 

El psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman popularizó esta idea al hablar de dos sistemas de pensamiento:

 

Sistema 1: rápido, automático, intuitivo.

 

Sistema 2: lento, analítico y deliberado.

 

La intuición es una función clave del Sistema 1, y su origen está profundamente ligado a nuestra evolución como especie.

 

El origen evolutivo de la intuición humana

 

Para entender de dónde surge la intuición, hay que retroceder miles de años, cuando nuestros antepasados vivían en entornos hostiles. En ese contexto, pensar demasiado podía ser mortal.

 

Reconocer rápidamente si un ruido era un depredador, identificar aliados o enemigos, o decidir si un alimento era seguro requería respuestas inmediatas. La intuición evolucionó como un mecanismo de supervivencia, permitiendo tomar decisiones eficaces con información incompleta.

 

Desde el punto de vista de la selección natural:

 

-Los individuos con mejores respuestas intuitivas sobrevivían más.

 

-Esas capacidades se transmitían genéticamente.

 

-Con el tiempo, el cerebro humano se optimizó para detectar patrones de forma inconsciente.

 

La intuición, por tanto, no es un lujo moderno, sino una herramienta evolutiva esencial.

 

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El papel del cerebro: intuición y neurociencia

 

La neurociencia moderna ha identificado varias áreas cerebrales implicadas en los procesos intuitivos. Entre las más importantes destacan:

 

-La amígdala, relacionada con el procesamiento emocional y la detección de amenazas.

 

-Los ganglios basales, clave en el aprendizaje implícito y la toma de decisiones automáticas.

 

-La corteza prefrontal, que integra la intuición con el razonamiento consciente.

 

Cuando una persona “tiene un presentimiento”, su cerebro está comparando la situación actual con bases de datos internas formadas por experiencias pasadas, muchas de ellas olvidadas a nivel consciente, pero activas a nivel neuronal.

 

Intuición y experiencia: no todos intuimos igual

 

Un aspecto fundamental del origen de la intuición es que no surge de la nada. La intuición se construye con la experiencia.

 

Por eso:

 

-Un médico experimentado puede intuir un diagnóstico en segundos.

 

-Un ajedrecista reconoce patrones sin analizar cada jugada.

 

-Un científico detecta errores en un estudio “a simple vista”.

 

En todos estos casos, la intuición es el resultado de años de aprendizaje y exposición repetida, almacenados en forma de patrones neuronales.

 

Esto explica por qué la intuición puede ser muy fiable en expertos, pero también engañosa cuando se aplica fuera del ámbito de experiencia de una persona.

 

Intuición, emociones y cuerpo

 

La ciencia también ha demostrado que la intuición no es solo cerebral, sino corporal. El llamado “segundo cerebro”, el sistema nervioso entérico del intestino, se comunica constantemente con el cerebro a través del nervio vago.

 

Estudios recientes sugieren que muchas corazonadas se manifiestan como:

 

-Sensaciones en el estómago

 

-Tensión muscular

 

-Cambios en el ritmo cardíaco

 

Estas señales físicas son interpretadas por el cerebro como información relevante, reforzando la idea de que la intuición es un proceso psicofisiológico completo.

 

¿La intuición siempre acierta?

 

Aunque la intuición tiene un origen adaptativo, no es infalible. El mismo mecanismo que nos ayuda a decidir rápido puede generar sesgos cognitivos, como:

 

-Prejuicios

 

-Generalizaciones erróneas

 

-Exceso de confianza

 

En entornos modernos, muy distintos a aquellos en los que evolucionó nuestro cerebro, la intuición puede fallar, especialmente cuando se enfrenta a problemas estadísticos, tecnológicos o abstractos.

 

Por eso, la ciencia actual no propone elegir entre intuición o razón, sino integrarlas.

 

El origen de la intuición humana es pues biológico, pero su desarrollo está profundamente influido por la cultura, la educación y el entorno social. Cada experiencia, cada aprendizaje y cada error afinan ese “radar interno” que llamamos intuición.

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