Zoología
¿Tienen cultura los animales?
Durante décadas, la palabra cultura se reservó casi en exclusiva a los seres humanos. Se asociaba a conceptos como arte, lenguaje simbólico, tradiciones o normas sociales transmitidas de generación en generación. Sin embargo, en los últimos años, la investigación científica ha empezado a cuestionar seriamente esta exclusividad. Cada vez más estudios sugieren que muchos animales no solo aprenden unos de otros, sino que también desarrollan comportamientos colectivos que pueden considerarse auténticas formas de cultura.
¿Qué entiende la ciencia por “cultura animal”?
En biología y etología, la cultura no se define por la existencia de museos o literatura, sino por tres criterios clave:
-Aprendizaje social: los individuos aprenden observando o interactuando con otros.
-Transmisión intergeneracional: el comportamiento se mantiene en el tiempo.
-Variación entre grupos: distintas poblaciones de la misma especie muestran conductas diferentes sin que exista una causa genética o ambiental clara.
Bajo esta definición funcional, la cultura deja de ser un rasgo exclusivamente humano y pasa a ser un fenómeno observable en numerosas especies.
Chimpancés: tradiciones locales en la selva
Uno de los ejemplos más sólidos de cultura animal procede de los chimpancés. Investigaciones lideradas por primatólogos como Jane Goodall y Christophe Boesch han documentado que distintas comunidades de chimpancés utilizan herramientas de forma diferente.
Algunos grupos emplean palos para extraer termitas, otros usan piedras para romper nueces, y hay poblaciones que ni siquiera realizan estas conductas pese a vivir en entornos similares. Estas diferencias no se explican por genética ni por disponibilidad de recursos, sino por aprendizaje social: los jóvenes imitan a los adultos de su grupo.
![[Img #77763]](https://noticiasdelaciencia.com/upload/images/01_2026/4117_humpback-2649520_1280.jpg)
Orcas y ballenas: culturas del océano
Los cetáceos ofrecen otro ejemplo fascinante. Las orcas presentan auténticas “culturas” diferenciadas según su clan. Algunas poblaciones se especializan en cazar focas, otras peces, y otras incluso tiburones. Cada grupo desarrolla técnicas de caza específicas que se transmiten de madres a crías.
Además, muchas ballenas poseen dialectos vocales propios. Sus cantos varían entre poblaciones y evolucionan con el tiempo, de forma similar a cómo cambian las modas musicales humanas. Esto refuerza la idea de una tradición cultural compartida.
Aves: canciones, herramientas y aprendizaje
Las aves también juegan un papel destacado en el estudio de la cultura animal. Los pájaros cantores aprenden sus cantos escuchando a otros, y estos pueden variar de una región a otra, creando auténticos “acentos” locales.
Un caso emblemático es el de los cuervos y otras córvidas, capaces de fabricar y usar herramientas. En algunas poblaciones, estas habilidades se difunden socialmente, mostrando patrones claros de transmisión cultural.
Monos, ratas y hasta insectos
La cultura animal no se limita a especies grandes o altamente inteligentes. En Japón, se observó cómo una macaca comenzó a lavar patatas en el mar antes de comerlas. Este comportamiento se propagó progresivamente por el grupo y, con el tiempo, pasó a las siguientes generaciones.
Incluso estudios recientes en insectos sociales, como hormigas y abejas, sugieren la existencia de aprendizaje colectivo y transmisión de estrategias, aunque aquí el debate científico sigue abierto.
¿Por qué importa reconocer la cultura en los animales?
Aceptar que los animales pueden tener cultura tiene profundas implicaciones éticas y científicas. Cambia nuestra visión sobre la inteligencia animal, refuerza la necesidad de conservar no solo especies, sino también sus tradiciones únicas, y nos obliga a replantear qué nos hace realmente humanos.
La cultura ya no aparece como una frontera infranqueable, sino como un continuo evolutivo en el que nuestra especie ocupa un extremo especialmente complejo, pero no completamente aislado.

