Paleontología
Fósiles y continentes perdidos
Los fósiles no solo cuentan la historia de la vida. También son una de las herramientas más poderosas que tienen los científicos para reconstruir la configuración geológica de la Tierra en el pasado. Mucho antes de que existieran los satélites, los GPS o la tectónica de placas moderna, fueron los restos petrificados de organismos antiguos los que empezaron a revelar que los continentes no siempre estuvieron donde los vemos hoy.
Los fósiles como pistas geológicas
Cuando pensamos en fósiles, solemos imaginar dinosaurios o conchas marinas. Sin embargo, para geólogos y paleontólogos, un fósil es sobre todo una evidencia de contexto: indica qué tipo de ambiente existía en un lugar concreto hace millones de años.
Por ejemplo, encontrar fósiles de organismos marinos en lo alto de una cordillera —como los Andes o el Himalaya— demuestra que esas rocas se formaron bajo el mar antes de ser elevadas por procesos tectónicos. Este tipo de hallazgos permite reconstruir antiguos océanos, plataformas continentales y zonas de colisión entre placas.
Fósiles idénticos en continentes separados
Uno de los argumentos históricos más sólidos a favor de la deriva continental fue el hallazgo de fósiles de especies idénticas en continentes hoy muy alejados entre sí. Un caso clásico es el del reptil terrestre Mesosaurus, cuyos fósiles aparecen tanto en Sudamérica como en África.
Dado que este animal no podía cruzar océanos abiertos, la única explicación plausible es que ambos continentes estuvieron unidos en el pasado. Este tipo de evidencia fue clave para respaldar la idea de que, hace unos 300 millones de años, existió el supercontinente Pangea.
Plantas fósiles que conectan hemisferios
Las plantas fósiles también juegan un papel crucial. El género Glossopteris, una planta extinta, se ha encontrado en Sudamérica, África, India, Australia y la Antártida. Esta distribución solo tiene sentido si todos esos territorios formaron parte del antiguo supercontinente Gondwana.
Además, la presencia de anillos de crecimiento en troncos fósiles permite inferir antiguos climas, ayudando a reconstruir la posición de los continentes respecto al ecuador o los polos.
![[Img #77910]](https://noticiasdelaciencia.com/upload/images/02_2026/1904_gondwana_420_ma.jpg)
(Foto: Wikimedia Commons)
Fósiles y climas del pasado
Los fósiles no solo indican dónde estaban los continentes, sino también qué clima tenían. Corales fósiles, por ejemplo, señalan mares cálidos y poco profundos, mientras que ciertos tipos de polen o esporas revelan climas fríos o húmedos.
Cuando se encuentran estos fósiles en regiones que hoy tienen climas completamente distintos, los científicos pueden deducir grandes desplazamientos continentales y cambios en la circulación oceánica y atmosférica.
Integración con la tectónica de placas
Hoy, los fósiles se combinan con datos de paleomagnetismo, datación radiométrica y modelos tectónicos. Juntos, permiten reconstrucciones cada vez más precisas de la Tierra antigua, mostrando cómo los continentes se fragmentaron, colisionaron y desplazaron a lo largo de cientos de millones de años.
Lejos de ser simples curiosidades del pasado, los fósiles son piezas clave de un enorme rompecabezas geológico que sigue ayudando a entender fenómenos actuales como los terremotos, la formación de montañas y el cambio climático a largo plazo.

