Medicina
Síndrome de fragilidad: qué es, causas, síntomas y cómo prevenirlo
El síndrome de fragilidad es uno de los grandes retos de la medicina del envejecimiento. Aunque no es una enfermedad en sí misma, sí es una condición clínica reconocida que aumenta de forma significativa el riesgo de caídas, discapacidad, hospitalización y mortalidad en personas mayores. A pesar de su impacto, sigue siendo poco conocido fuera del ámbito sanitario.
¿Qué es el síndrome de fragilidad?
El síndrome de fragilidad es un estado de vulnerabilidad biológica que aparece cuando los sistemas del organismo pierden reserva y capacidad de adaptación frente a situaciones de estrés, como una infección, una cirugía o incluso un cambio en el entorno.
En términos simples: una persona frágil tiene menos margen para recuperarse ante cualquier problema de salud.
No debe confundirse con la dependencia o la discapacidad. Una persona puede ser frágil y todavía independiente, pero con un alto riesgo de perder esa autonomía en poco tiempo.
¿A quién afecta el síndrome de fragilidad?
El síndrome de fragilidad afecta principalmente a:
-Personas mayores de 65 años
-Personas con enfermedades crónicas (diabetes, insuficiencia cardíaca, EPOC, cáncer)
-Personas con sedentarismo prolongado
-Personas con desnutrición o pérdida de peso involuntaria
Su prevalencia aumenta con la edad y es más frecuente en mujeres, aunque también afecta a hombres.
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Principales causas del síndrome de fragilidad
El origen del síndrome de fragilidad es multifactorial. Entre las causas más relevantes se encuentran:
-Pérdida de masa y fuerza muscular (sarcopenia)
-Inflamación crónica de bajo grado
-Alteraciones hormonales
-Desnutrición y déficit de proteínas
-Inactividad física
-Polifarmacia (uso de múltiples medicamentos)
-Aislamiento social y deterioro cognitivo
Estos factores interactúan entre sí, acelerando el deterioro funcional.
Síntomas y signos de alerta
Los síntomas del síndrome de fragilidad pueden ser sutiles al inicio. Los más reconocidos son:
-Pérdida de peso involuntaria
-Debilidad muscular
-Sensación de cansancio o agotamiento frecuente
-Lentitud al caminar
-Disminución de la actividad física
La presencia de tres o más de estos criterios suele confirmar el diagnóstico clínico de fragilidad.
¿Cómo se diagnostica el síndrome de fragilidad?
El diagnóstico se basa en la valoración geriátrica integral, que evalúa:
-Estado físico y funcional
-Fuerza muscular y velocidad de la marcha
-Estado nutricional
-Función cognitiva
-Situación social
Existen escalas validadas, como el fenotipo de Fried, ampliamente utilizado en investigación y práctica clínica.
Consecuencias del síndrome de fragilidad
Las personas con síndrome de fragilidad tienen mayor riesgo de:
-Caídas y fracturas
-Hospitalizaciones repetidas
-Dependencia funcional
-Deterioro cognitivo
-Mortalidad prematura
Por ello, hoy se considera un problema de salud pública en sociedades envejecidas.
¿Se puede prevenir o revertir la fragilidad?
La buena noticia es que el síndrome de fragilidad es potencialmente prevenible y, en fases iniciales, reversible.
Las intervenciones más eficaces incluyen:
1. Ejercicio físico adaptado
Especialmente entrenamiento de fuerza y equilibrio, incluso en edades avanzadas.
2. Nutrición adecuada
Dieta equilibrada, rica en proteínas, vitamina D y calorías suficientes.
3. Revisión de la medicación
Reducir fármacos innecesarios mejora la función física y cognitiva.
4. Estimulación cognitiva y social
El contacto social y la actividad mental reducen el deterioro global.

