Medicina veterinaria
¿Pueden los animales sufrir autismo?
Quien convive con animales —especialmente perros, gatos o caballos— lo ha pensado alguna vez: “Mi mascota se comporta de forma extraña… ¿podría tener algo parecido al autismo?”. La pregunta no es banal. En los últimos años, el interés por el autismo en animales ha crecido tanto en redes sociales como en la divulgación científica. Pero ¿qué hay de cierto en ello?
Qué es el autismo y por qué no se puede diagnosticar igual en animales
El trastorno del espectro autista (TEA) es un diagnóstico clínico humano basado en criterios muy específicos: dificultades persistentes en la comunicación social, patrones de comportamiento repetitivos y una forma particular de procesar la información sensorial. Estos criterios dependen en gran medida del lenguaje, la interacción social compleja y la cognición humana.
Los animales, por muy inteligentes o sociales que sean, no comparten el mismo marco cognitivo ni comunicativo, por lo que aplicar el diagnóstico de autismo tal cual sería científicamente incorrecto.
Entonces… ¿existen enfermedades “parecidas” al autismo en animales?
Aquí es donde la ciencia se pone interesante.
Conductas análogas al autismo
En muchas especies se observan comportamientos que recuerdan al TEA humano, como:
-Movimientos repetitivos o estereotipados
-Evitación social marcada
-Hipersensibilidad a sonidos, luces o estímulos táctiles
-Dificultad para adaptarse a cambios en el entorno
Estas conductas no implican autismo, pero sí pueden estar relacionadas con trastornos del neurodesarrollo, lesiones cerebrales, genética o estrés crónico.
Casos documentados en distintas especies
Perros
Algunos veterinarios y etólogos hablan del llamado “síndrome de disfunción canina” o de trastornos compulsivos caninos. Perros que giran sobre sí mismos, se aíslan o reaccionan de forma extrema a estímulos pueden mostrar alteraciones neurológicas comparables en algunos aspectos, pero no equivalentes al autismo.
![[Img #77942]](https://noticiasdelaciencia.com/upload/images/02_2026/4334_pexels-dog-2178696_1280.jpg)
Gatos
En gatos se han descrito conductas repetitivas, hipersensibilidad y evitación social, a menudo ligadas a problemas neurológicos, ansiedad o experiencias tempranas traumáticas.
Caballos y animales de granja
En entornos poco estimulantes o muy restrictivos, aparecen estereotipias (balanceo, morder barrotes, movimientos repetitivos), que recuerdan superficialmente a patrones autistas, pero están más relacionadas con estrés ambiental y bienestar animal deficiente.
Modelos animales en laboratorio
Aquí hay un punto clave: ratones, ratas y otros animales se utilizan como modelos experimentales del autismo humano, modificando genes asociados al TEA. Estos animales muestran conductas sociales alteradas y comportamientos repetitivos, lo que ayuda a investigar los mecanismos biológicos del autismo, pero no significa que “tengan autismo”.
Lo que dice la neurociencia comparada
La neurociencia comparada demuestra que muchos circuitos cerebrales implicados en la socialización y la percepción sensorial están presentes en múltiples especies. Sin embargo, el autismo es un constructo clínico humano, no una enfermedad “universal” aplicable directamente a otros animales.
Hablar de autismo animal puede ser útil como metáfora divulgativa, pero no es un término científico aceptado.
Un riesgo: el antropomorfismo
Uno de los mayores errores es proyectar diagnósticos humanos en animales. Esto puede llevar a malinterpretar sus necesidades reales y a no tratar adecuadamente problemas médicos, neurológicos o ambientales que sí tienen solución.
Un animal con conductas “atípicas” no necesita un diagnóstico humano, sino una evaluación veterinaria y etológica rigurosa.
Una reflexión final
Lejos de restar importancia al autismo, estudiar estas similitudes en animales ayuda a desestigmatizar la diversidad neurológica y a recordar que el comportamiento —humano o animal— es el resultado de una compleja interacción entre genética, cerebro y entorno.

