Lunes, 09 de Febrero de 2026

Actualizada Lunes, 09 de Febrero de 2026 a las 12:22:38 horas

Tienes activado un bloqueador de publicidad

Intentamos presentarte publicidad respectuosa con el lector, que además ayuda a mantener este medio de comunicación y ofrecerte información de calidad.

Por eso te pedimos que nos apoyes y desactives el bloqueador de anuncios. Gracias.

Redacción
Lunes, 09 de Febrero de 2026
Psicología

¿Por qué somos imprudentes? La causa psicológica que explica las decisiones más arriesgadas

Conducir demasiado rápido, invertir sin informarse, hablar sin pensar o ignorar riesgos evidentes. La imprudencia es un comportamiento cotidiano que atraviesa edades, culturas y niveles educativos. Pero ¿por qué personas inteligentes y aparentemente racionales actúan de forma tan temeraria?

 

La psicología moderna tiene una respuesta clara: la principal causa de la imprudencia es un sesgo cognitivo llamado “exceso de confianza”, estrechamente relacionado con cómo nuestro cerebro evalúa el riesgo, el control y la probabilidad de fracaso.

 

El exceso de confianza: cuando el cerebro se engaña a sí mismo

 

El exceso de confianza (overconfidence bias) es un fenómeno ampliamente estudiado en psicología cognitiva y neurociencia. Consiste en sobreestimar nuestras capacidades, conocimientos o control sobre una situación, y subestimar al mismo tiempo los riesgos reales.

 

Este sesgo hace que muchas personas piensen, de forma inconsciente:

 

-“A mí no me va a pasar”

 

-“Yo controlo”

 

-“Sé lo que hago, aunque otros se equivoquen”

 

Numerosos estudios muestran que la mayoría de la población se considera mejor que la media en aspectos como la conducción, la inteligencia o la toma de decisiones. Estadísticamente, esto es imposible… pero psicológicamente, es muy humano.

 

[Img #77944]

 

Qué ocurre en el cerebro cuando somos imprudentes

 

Desde el punto de vista neurológico, la imprudencia tiene una base clara:

 

-El sistema límbico, encargado de las emociones y la recompensa, impulsa la acción rápida.

 

-La corteza prefrontal, responsable del autocontrol y la evaluación de consecuencias, no siempre logra frenar ese impulso.

 

Cuando el beneficio inmediato (placer, rapidez, reconocimiento, adrenalina) pesa más que el riesgo futuro, la emoción gana a la razón.

 

Este desequilibrio se intensifica en situaciones de:

 

-Estrés

 

-Fatiga

 

-Euforia

 

-Presión social

 

-Consumo de alcohol u otras sustancias

 

La ilusión de control: creer que dominamos lo imprevisible

 

Otro factor psicológico clave es la ilusión de control. Muchas personas creen que pueden influir en eventos que en realidad dependen del azar o de variables externas.

 

Ejemplos comunes:

 

-Pensar que uno puede “controlar” un accidente de tráfico solo por tener experiencia.

 

-Creer que se puede prever el mercado financiero sin datos sólidos.

 

-Asumir que una conducta de riesgo no tendrá consecuencias porque “nunca pasó antes”.

 

Esta ilusión reduce la percepción del peligro y normaliza la imprudencia.

 

Por qué la imprudencia aumenta con la experiencia

 

Paradójicamente, cuanto más experto se siente alguien, más imprudente puede volverse. Esto se conoce como el efecto de familiaridad.

 

Cuando repetimos una conducta arriesgada sin consecuencias negativas inmediatas, el cerebro aprende una lección errónea:

 

“Si no pasó nada antes, no pasará ahora”.

 

Así se relajan las medidas de seguridad, se ignoran señales de alerta y se toman atajos. Muchos accidentes laborales, médicos o de tráfico ocurren precisamente entre personas con experiencia, no por ignorancia, sino por confianza excesiva.

 

El papel de la personalidad: impulsividad y búsqueda de sensaciones

 

No todas las personas son igual de imprudentes. La psicología de la personalidad identifica rasgos que aumentan la probabilidad de conductas de riesgo:

 

-Alta impulsividad

 

-Búsqueda de sensaciones fuertes

 

-Baja tolerancia a la frustración

 

-Necesidad de validación social

 

Estas características están asociadas a una mayor activación dopaminérgica: el cerebro “premia” el riesgo con sensación de placer, lo que refuerza la conducta imprudente.

 

¿La imprudencia es innata o aprendida?

 

La respuesta es: ambas cosas.

 

-Existe una base biológica y temperamental.

 

-Pero el entorno, la educación y la cultura tienen un peso enorme.

 

Sociedades que glorifican la valentía sin límites, el éxito rápido o el “atreverse a todo” tienden a normalizar la imprudencia, mientras que otras fomentan la precaución y la planificación.

 

Además, si una persona ha sido recompensada socialmente por conductas arriesgadas, su cerebro las integrará como positivas.

 

¿Se puede reducir la imprudencia?

 

Sí, y la ciencia lo tiene claro. Algunas estrategias eficaces son:

 

-Tomar distancia temporal antes de decidir (romper la impulsividad).

 

-Visualizar consecuencias negativas reales, no abstractas.

 

-Escuchar opiniones externas, especialmente discrepantes.

 

-Reconocer nuestros propios sesgos cognitivos.

 

-Dormir bien y reducir estrés: el autocontrol depende mucho del estado mental.

 

La imprudencia no se elimina con inteligencia, sino con conciencia y autocontrol.

Copyright © 1996-2022 Amazings® / NCYT® | (Noticiasdelaciencia.com / Amazings.com). Todos los derechos reservados.

Depósito Legal B-47398-2009, ISSN 2013-6714 - Amazings y NCYT son marcas registradas. Noticiasdelaciencia.com y Amazings.com son las webs oficiales de Amazings.

Todos los textos y gráficos son propiedad de sus autores. La reproducción está permitida solo si se incluye el crédito de la fuente (NCYT Amazings) y un enlace dofollow hacia la noticia original.

Excepto cuando se indique lo contrario, la traducción, la adaptación y la elaboración de texto adicional de este artículo han sido realizadas por el equipo de Amazings® / NCYT®.

Con tu cuenta registrada

Escribe tu correo y te enviaremos un enlace para que escribas una nueva contraseña.