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Redacción
Martes, 10 de Febrero de 2026
Bioquímica

Lo que cuentan las cloacas: cómo el análisis químico de las aguas residuales revela los hábitos ocultos de las grandes ciudades

Cada día, millones de personas en las grandes ciudades dejan un rastro químico invisible que termina en las redes de saneamiento. En ese flujo constante de aguas residuales viajan restos microscópicos de drogas, alcohol, medicamentos, virus, cafeína o nicotina. Para la ciencia, lejos de ser simple desperdicio, este material se ha convertido en una fuente extraordinaria de información sobre cómo viven —y qué consumen— las sociedades urbanas.

 

Esta disciplina, conocida como epidemiología basada en aguas residuales (Wastewater-Based Epidemiology o WBE), está revolucionando la salud pública. Hoy permite estimar el consumo real de sustancias, detectar brotes epidémicos antes que los sistemas sanitarios tradicionales e incluso anticipar cambios sociales y económicos.

 

Cómo funciona: química, estadística y comportamiento humano

 

El principio es sencillo: cuando una persona consume alcohol, drogas o medicamentos, el cuerpo metaboliza estas sustancias y elimina parte de ellas a través de la orina o las heces. Estos metabolitos llegan a las depuradoras, donde pueden medirse mediante técnicas de alta precisión como la cromatografía líquida y la espectrometría de masas.

 

A partir de la concentración detectada y del tamaño de la población conectada al sistema de saneamiento, los científicos pueden estimar el consumo medio por habitante. Lo relevante es que el método no identifica individuos, sino tendencias colectivas.

 

Desde 2011, proyectos internacionales coordinados por grupos científicos europeos han analizado aguas residuales de decenas de millones de personas en más de un centenar de ciudades, permitiendo comparar hábitos de consumo entre regiones y a lo largo del tiempo.

 

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Drogas ilegales: un mapa químico del consumo urbano

 

Uno de los usos más conocidos de esta técnica es la monitorización del consumo de drogas. Los resultados han revelado patrones sorprendentes:

 

-La cocaína aparece prácticamente en todas las ciudades estudiadas, pero con niveles especialmente altos en Europa occidental y meridional, incluida España.

-Las anfetaminas muestran mayor presencia en el norte y este de Europa.

-Las tendencias cambian rápidamente, permitiendo detectar incrementos o descensos en cuestión de semanas.

 

Este enfoque tiene una ventaja clave frente a las encuestas o datos policiales: mide el consumo real, no el declarado. Además, permite observar variaciones temporales muy claras, como aumentos durante fines de semana, festividades o grandes eventos.

 

Alcohol, nicotina y cafeína: radiografía de la vida cotidiana

 

Las aguas residuales también revelan el consumo de sustancias legales. Estudios recientes en ciudades españolas han mostrado, por ejemplo, descensos progresivos en el consumo medio de alcohol y nicotina tras la pandemia, mientras que la cafeína se mantiene estable.

 

Estos datos permiten observar cambios culturales de fondo: desde modificaciones en los hábitos de ocio hasta el impacto de políticas públicas o crisis económicas.

 

Incluso se han detectado picos muy precisos asociados a celebraciones como Nochevieja, demostrando hasta qué punto el comportamiento social queda reflejado químicamente en las redes de saneamiento.

 

Más allá de las drogas: medicamentos, salud mental y epidemias

 

El potencial de esta ciencia va mucho más allá del consumo recreativo. En los últimos años, el análisis de aguas residuales ha permitido:

 

-Detectar virus como el SARS-CoV-2 días antes de que aumentaran los casos clínicos.

-Monitorizar antibióticos y evaluar riesgos de resistencias bacterianas.

-Estimar el uso de ansiolíticos o antidepresivos en determinadas poblaciones.

 

Durante la pandemia, este enfoque demostró su valor como sistema de alerta temprana, ya que los niveles virales en el agua pueden anticipar los brotes entre cinco y once días antes que los diagnósticos clínicos.

 

Por ello, varios países europeos trabajan ya en sistemas nacionales de vigilancia epidemiológica basados en aguas residuales para detectar futuras amenazas sanitarias.

 

Ventajas científicas: datos rápidos, anónimos y casi en tiempo real

 

Los expertos destacan varias razones por las que esta metodología se está consolidando:

 

-Anonimato: no se identifican personas concretas.

-Representatividad: incluye a toda la población conectada al sistema.

-Rapidez: permite detectar tendencias casi en tiempo real.

-Coste reducido: un número limitado de muestras representa a cientos de miles de habitantes.

 

Además, elimina muchos sesgos habituales en las estadísticas tradicionales, como la infradeclaración del consumo o las diferencias en acceso sanitario.

 

Limitaciones y debates éticos

 

Sin embargo, la epidemiología de aguas residuales no es perfecta. Los resultados dependen de factores como la lluvia, la dilución del agua o la degradación química de las sustancias. Tampoco permite saber quién consume ni por qué.

 

Existe además un debate ético emergente: algunos expertos advierten del riesgo de usar estos datos para estigmatizar barrios o poblaciones si el análisis se realiza a escalas demasiado pequeñas.

 

Por ello, la mayoría de programas científicos limitan el análisis a áreas amplias, como ciudades completas o grandes zonas urbanas.

 

Todo indica que el papel de las aguas residuales en la investigación científica seguirá creciendo. Con el uso de inteligencia artificial y sensores distribuidos por las redes de saneamiento, los científicos aspiran a construir sistemas capaces de detectar cambios en la salud colectiva casi en tiempo real.

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