Historia de la Ciencia
Robert Mulliken: el científico que explicó cómo se unen los átomos
En la historia de la ciencia existen figuras cuya influencia va mucho más allá de su época. Robert Sanderson Mulliken es una de ellas. Premio Nobel de Química en 1966, su trabajo permitió comprender algo tan fundamental como el modo en que los átomos se unen para formar moléculas, sentando las bases de la química cuántica moderna. Hoy, conceptos esenciales para la química, la física, la farmacología o la ciencia de materiales dependen directamente de sus ideas.
Infancia y formación: una vida rodeada de ciencia
Robert Sanderson Mulliken nació el 7 de junio de 1896 en Newburyport, Massachusetts (Estados Unidos), en el seno de una familia profundamente vinculada a la química. Su padre, Samuel Parsons Mulliken, era profesor universitario de química orgánica, lo que favoreció que desde muy joven desarrollara interés por la ciencia.
Estudió en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), donde obtuvo su licenciatura en 1917. Posteriormente se doctoró en la Universidad de Chicago en 1921, institución que marcaría el resto de su carrera académica y científica.
Durante sus primeros años de investigación trabajó en espectroscopía molecular y en el estudio de isótopos, campos que lo llevaron a enfrentarse a uno de los grandes problemas científicos del momento: cómo explicar la estructura interna de las moléculas desde la recién nacida mecánica cuántica.
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(Foto: Wikimedia Commons)
El contexto científico: la revolución cuántica
Las décadas de 1920 y 1930 fueron un periodo de transformación radical en la física. La mecánica cuántica, desarrollada por científicos como Schrödinger, Heisenberg o Dirac, estaba redefiniendo la comprensión de la materia a escala microscópica.
Mulliken supo ver algo que muchos químicos aún no comprendían: que la química debía reinterpretarse desde la física cuántica. Durante estancias en Europa trabajó junto a algunos de los grandes pioneros de esta revolución científica, lo que influyó decisivamente en su pensamiento.
Su objetivo era ambicioso: explicar matemáticamente cómo los electrones determinan la estructura y estabilidad de las moléculas.
La teoría de orbitales moleculares: una nueva visión del enlace químico
Antes de Mulliken, la explicación más aceptada del enlace químico consideraba que los átomos compartían electrones casi como piezas independientes que se ensamblaban. Mulliken propuso una idea radicalmente distinta.
Según su teoría de los orbitales moleculares, los electrones no pertenecen a un átomo concreto dentro de una molécula, sino que ocupan regiones de probabilidad que abarcan toda la molécula. En otras palabras, los electrones pasan a formar parte de un sistema global.
Esta visión permitió:
-Explicar la estabilidad de moléculas complejas.
-Comprender la naturaleza de los enlaces químicos.
-Interpretar espectros moleculares con gran precisión.
-Sentar las bases del cálculo computacional moderno en química.
La teoría se convirtió en uno de los pilares de la química cuántica y sigue siendo esencial en la investigación científica actual.
El Premio Nobel de Química de 1966
El reconocimiento internacional llegó con el Premio Nobel de Química en 1966, otorgado por sus trabajos fundamentales sobre los enlaces químicos y la estructura electrónica de las moléculas mediante el método de orbitales moleculares.
Para entonces, su influencia ya era enorme. Sus modelos permitían explicar fenómenos que antes resultaban incomprensibles, desde la reactividad química hasta las propiedades ópticas de las sustancias.
El Nobel reconocía no solo un descubrimiento concreto, sino la creación de un nuevo lenguaje científico para describir la materia.
Mulliken y la ciencia del siglo XX
Durante la Segunda Guerra Mundial, Mulliken participó en investigaciones relacionadas con el proyecto del plutonio dentro del programa nuclear estadounidense. Más tarde desempeñó funciones diplomáticas científicas, como agregado científico en la embajada estadounidense en Londres.
A lo largo de su carrera recibió numerosos reconocimientos y fue miembro de algunas de las instituciones científicas más prestigiosas del mundo, reflejo de su enorme impacto académico.
Además de la teoría de orbitales moleculares, desarrolló conceptos como la electronegatividad de Mulliken y métodos para analizar la distribución electrónica en las moléculas, herramientas aún utilizadas en química teórica y computacional.
El arquitecto invisible de la química moderna
Robert Mulliken falleció el 31 de octubre de 1986 a los 90 años, dejando tras de sí una herencia científica difícil de exagerar.
Hoy, sus ideas están presentes en:
-el diseño de nuevos fármacos,
-el desarrollo de materiales avanzados,
-la nanotecnología,
-la química computacional,
-y la investigación en energía y catálisis.
Su mayor contribución no fue únicamente resolver un problema científico, sino cambiar la forma de pensar de generaciones enteras de químicos y físicos.

