Geología
Hidrosismos: cuando el agua hace temblar la Tierra
En los últimos años, especialmente tras episodios de lluvias intensas en distintas regiones del mundo, un término ha empezado a aparecer con mayor frecuencia en medios y debates científicos: hidrosismos. Aunque todavía son poco conocidos por el gran público, estos fenómenos representan un interesante punto de encuentro entre la hidrología, la geología y la sismología. Y, en un contexto de cambio climático y eventos meteorológicos extremos más frecuentes, su estudio está ganando relevancia científica.
Pero ¿qué son exactamente los hidrosismos? ¿Son peligrosos? ¿Y pueden confundirse con terremotos tradicionales?
¿Qué es un hidrosismo?
Un hidrosismo (o hidroseísmo) es un movimiento sísmico provocado por el comportamiento del agua en el subsuelo, y no directamente por el desplazamiento de placas tectónicas. Se produce cuando grandes cantidades de agua se infiltran en el terreno, aumentan la presión en cavidades, fracturas o acuíferos, y provocan pequeños reajustes geológicos que liberan energía en forma de vibraciones.
En otras palabras: el agua no crea la energía sísmica desde cero, pero puede actuar como un desencadenante, facilitando el movimiento de fallas o fracturas ya existentes.
Este fenómeno suele darse en zonas con características geológicas específicas, como terrenos calizos o kársticos, donde existen redes de cavidades subterráneas y conductos por los que el agua circula con facilidad.
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Cómo se producen los hidrosismos
Desde el punto de vista científico, el mecanismo principal es relativamente sencillo:
-Lluvias intensas o prolongadas saturan el suelo.
-El agua se infiltra en profundidad a través de grietas y fallas.
-Aumenta la presión del fluido dentro de las rocas.
-La presión reduce la fricción entre bloques rocosos.
-Se produce un pequeño desplazamiento que genera un microsismo.
El incremento de la presión intersticial en el subsuelo puede disminuir la estabilidad de fallas superficiales y provocar pequeños terremotos, generalmente de muy baja magnitud.
Este tipo de procesos forma parte de lo que los geólogos denominan sismicidad inducida, es decir, movimientos sísmicos originados por cambios en las condiciones físicas del subsuelo, como variaciones de presión o carga.
Hidrosismos vs. terremotos: diferencias clave
Aunque ambos fenómenos implican vibraciones del terreno, existen diferencias fundamentales:
|
Característica |
Hidrosismos |
Terremotos tectónicos |
|---|---|---|
|
Origen |
Movimiento del agua subterránea |
Movimiento de placas tectónicas |
|
Magnitud habitual |
Muy baja |
Variable, puede ser alta |
|
Duración |
Muy corta |
Variable |
|
Daños potenciales |
Generalmente mínimos |
Pueden ser graves |
|
Profundidad |
Superficial |
Puede ser profunda |
En la mayoría de los casos, los hidrosismos apenas son perceptibles para la población y rara vez causan daños estructurales.
¿Son peligrosos los hidrosismos?
La respuesta corta es: normalmente no.
La energía liberada suele ser pequeña, y por ello los hidrosismos no tienen el potencial destructivo de un terremoto tectónico. Sin embargo, sí pueden tener riesgos indirectos, especialmente en zonas montañosas o con suelos inestables:
-Deslizamientos de tierra.
-Hundimientos locales.
-Desprendimientos en cuevas o taludes.
-Daños en estructuras antiguas o debilitadas.
Por eso, aunque el fenómeno no sea alarmante desde el punto de vista sísmico, sí requiere seguimiento técnico cuando coincide con episodios extremos de lluvia.
Por qué se habla más de hidrosismos en la actualidad
El aumento del interés científico tiene varias explicaciones.
Por un lado, las redes modernas de sensores sísmicos permiten detectar movimientos muy pequeños que antes pasaban desapercibidos. Por otro, los científicos estudian cada vez más cómo los fluidos —agua, gas o incluso líquidos inyectados por actividad humana— pueden modificar el equilibrio de tensiones en la corteza terrestre.
Además, algunos investigadores señalan que la alternancia entre sequías prolongadas y lluvias intensas puede favorecer cambios bruscos en la presión del subsuelo, aumentando la probabilidad de este tipo de eventos en determinadas regiones.
Lo que todavía no sabemos
A pesar de los avances, la hidrosismicidad sigue siendo un campo abierto. Determinar cuándo el agua puede desencadenar un sismo y cuándo no resulta extremadamente complejo, porque intervienen múltiples factores:
-tipo de roca,
-profundidad de las fallas,
-volumen y velocidad del agua infiltrada,
-estado previo de tensiones geológicas.
Por ello, los científicos insisten en que no todas las lluvias intensas generan hidrosismos, ni todos los pequeños temblores tras un temporal pueden atribuirse automáticamente al agua.
Los hidrosismos son un recordatorio de que la Tierra funciona como un sistema interconectado. El agua, elemento esencial para la vida, también participa en procesos geológicos capaces de modificar —aunque sea ligeramente— el equilibrio del planeta.

