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Redacción
Jueves, 12 de Febrero de 2026
Paleoclimatología

Cuando el desierto era verde

Durante miles o incluso millones de años, algunos de los desiertos más inhóspitos del planeta estuvieron cubiertos por vegetación, lagos y fauna abundante. Hoy, esas regiones evocan sequedad extrema y dunas interminables, pero la ciencia del clima revela una historia radicalmente distinta: la de un planeta dinámico donde los bosques y las sabanas pueden convertirse en desiertos… y viceversa.

 

Comprender cómo ocurrió esa transformación no solo permite reconstruir el pasado de la Tierra, sino también anticipar el futuro de ecosistemas que hoy parecen estables.

 

El Sáhara verde: cuando el mayor desierto del mundo era una sabana

 

El ejemplo más espectacular es el Sáhara. Hace entre unos 10.000 y 5.500 años, durante el llamado Periodo Húmedo Africano, gran parte del norte de África estaba cubierta por praderas, árboles dispersos, ríos y lagos. Las pinturas rupestres muestran jirafas, hipopótamos y comunidades humanas que vivían donde hoy apenas llueve.

 

Investigaciones recientes basadas en sedimentos marinos y registros climáticos indican que esta región pasó de ser un paisaje verde con agua dulce a un desierto en pocos milenios, un cambio vinculado a alteraciones en los patrones de monzones y en la circulación oceánica.

 

No se trata de un caso aislado. Los científicos han demostrado que la franja desértica que va del Sáhara a Arabia y el desierto de Thar en India experimentó repetidas fases húmedas a lo largo de millones de años, creando corredores ecológicos que facilitaron la migración de animales y de los primeros humanos fuera de África.

 

Arabia, el desierto que fue un oasis continental

 

La península arábiga, hoy dominada por mares de arena, también atravesó largos periodos verdes. El análisis de estalagmitas en cuevas ha demostrado que durante extensas fases del pasado el clima fue mucho más húmedo, con paisajes comparables a sabanas africanas.

 

Estos episodios húmedos no fueron permanentes: alternaron con fases áridas en ciclos relacionados con variaciones en la órbita terrestre, que modifican la intensidad de los monzones y la distribución de las lluvias. Cuando el equilibrio cambia, la vegetación colapsa y el desierto avanza.

 

El Kalahari y otros desiertos que no siempre lo fueron

 

En el sur de África, el Kalahari —considerado hoy un desierto semiárido— presenta evidencias geológicas de haber sido mucho más húmedo durante partes del Pleistoceno tardío, con condiciones climáticas más favorables para la vegetación.

 

Algo similar ocurrió en el desierto de Atacama, uno de los lugares más secos del planeta. Registros paleoclimáticos muestran que en el pasado existieron humedales, mayor cobertura vegetal e incluso incendios forestales asociados a ecosistemas más densos que los actuales.

 

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¿Por qué los bosques se convierten en desiertos?

 

La respuesta corta es el clima, pero el mecanismo es complejo. Los principales factores son:

 

-Cambios orbitales de la Tierra: pequeñas variaciones en la inclinación y órbita del planeta alteran la cantidad de radiación solar recibida y desplazan los sistemas de lluvias.

 

-Variaciones oceánicas: la temperatura del mar influye en los monzones y en la humedad atmosférica.

 

-Retroalimentación ecológica: la vegetación genera parte de su propia lluvia. Cuando desaparece, el suelo se seca aún más, acelerando la desertificación.

 

-Cambios climáticos abruptos: episodios como el Dryas Reciente provocaron enfriamientos y sequías repentinas en amplias regiones del hemisferio norte.

 

En muchos casos, el paso de paisaje verde a desierto no fue instantáneo, sino un proceso progresivo donde pequeños cambios climáticos desencadenaron grandes transformaciones ecológicas.

 

Lo que los desiertos del pasado dicen sobre el futuro

 

El estudio de estos antiguos paisajes tiene implicaciones directas para el presente. Los científicos consideran que algunos ecosistemas actuales podrían estar cerca de puntos críticos donde un cambio relativamente pequeño en el clima desencadene transformaciones irreversibles.

 

El pasado demuestra que los paisajes que hoy parecen permanentes son, en realidad, temporales en escala geológica. El Sáhara no siempre fue un desierto, y no hay garantía de que lo siga siendo eternamente. De hecho, algunos modelos climáticos sugieren que, bajo determinadas condiciones, podría volver a reverdecer en el futuro.

 

La gran lección científica es clara: los desiertos no son el final de una historia natural, sino una fase más en la evolución del planeta. Y entender cómo un bosque se convierte en arena puede ser clave para evitar que otros lo hagan en el futuro.

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