Historia de la Ciencia
Hans von Euler-Chelpin: el científico que explicó cómo las células obtienen energía del azúcar
En la historia de la bioquímica moderna existen figuras cuya influencia resulta tan profunda que sus descubrimientos forman parte del conocimiento básico sobre la vida. Uno de esos investigadores es Hans von Euler-Chelpin, premio Nobel de Química en 1929 y pionero en la comprensión de las enzimas y la fermentación, procesos esenciales para la vida celular, la industria alimentaria y la medicina moderna.
Los orígenes de un científico inesperado
Hans Karl August Simon von Euler-Chelpin nació el 15 de febrero de 1873 en Augsburgo, Alemania. Curiosamente, su primera vocación no fue la ciencia sino el arte: comenzó estudiando pintura. Sin embargo, su interés por los colores y su naturaleza física le llevó progresivamente hacia la química y la física, iniciando una trayectoria científica que acabaría cambiando la comprensión del metabolismo celular.
Se formó en universidades de gran prestigio como Gotinga, Wurzburgo y Berlín, donde obtuvo el doctorado en 1895. Poco después se trasladó a Suecia, donde trabajó junto al célebre químico Svante Arrhenius en el Instituto Real de Tecnología de Estocolmo, ciudad que se convertiría en el centro de su vida científica.
En 1906 fue nombrado profesor en la Universidad de Estocolmo y más tarde director del Instituto de Bioquímica, consolidando una carrera académica dedicada a comprender los mecanismos químicos de la vida.
El misterio de la fermentación: el problema científico de su época
A comienzos del siglo XX, la fermentación del azúcar —un proceso conocido desde la antigüedad por su papel en la producción de pan, vino o cerveza— seguía siendo un enigma científico. ¿Cómo transformaban las células el azúcar en energía? ¿Qué papel jugaban las enzimas?
Euler-Chelpin abordó estas preguntas desde la química física, un enfoque innovador para la época. Sus investigaciones demostraron que las enzimas actúan como catalizadores biológicos y que necesitan moléculas auxiliares, las coenzimas, para funcionar correctamente.
Uno de sus logros más importantes fue el estudio de la cozimasa, una coenzima implicada en la fermentación, cuyo análisis ayudó a comprender cómo las células transforman la glucosa en energía. Este trabajo sentó las bases del conocimiento moderno sobre el metabolismo y la respiración celular.
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(Foto: Nobel Foundation)
El Premio Nobel de Química de 1929
En 1929, Hans von Euler-Chelpin recibió el Premio Nobel de Química junto al británico Arthur Harden “por sus investigaciones sobre la fermentación del azúcar y las enzimas fermentativas”.
El impacto de estos estudios fue enorme. Por primera vez se comprendía con detalle cómo las reacciones químicas en los organismos vivos podían explicarse mediante leyes físicas y químicas. Este avance permitió conectar la bioquímica con la fisiología y abrió el camino para el estudio moderno del metabolismo, las vitaminas y las rutas energéticas celulares.
Más allá de la fermentación: vitaminas y bioquímica del cáncer
Aunque su fama se asocia principalmente a la fermentación, Euler-Chelpin también investigó el papel de las vitaminas y demostró, entre otros hallazgos, que el caroteno actúa como provitamina A en el organismo.
Tras retirarse de la docencia en 1941, continuó investigando, centrando parte de su trabajo en la bioquímica de los tumores y en posibles enfoques químicos contra el cáncer, reflejando su interés por aplicar la química al entendimiento de enfermedades complejas.
Una familia marcada por la ciencia
El legado científico de Euler-Chelpin se extendió incluso a su familia. Su hijo, Ulf von Euler, recibió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1970 por sus descubrimientos sobre los neurotransmisores, convirtiendo a los von Euler en una de las pocas familias con dos generaciones de premios Nobel científicos.
Hans von Euler-Chelpin falleció en Estocolmo en 1964 a los 91 años, dejando una huella duradera en la bioquímica. Sus investigaciones ayudaron a establecer el concepto de biocatálisis y a explicar cómo las células obtienen energía, un conocimiento fundamental para disciplinas tan diversas como la medicina, la nutrición, la biotecnología o la industria farmacéutica.

