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Redacción
Viernes, 13 de Febrero de 2026
Ecología

Almacenar CO₂ bajo tierra: riesgos reales, límites científicos y el debate que marcará la transición energética

La captura y almacenamiento de carbono (CCS, por sus siglas en inglés) se ha convertido en una de las tecnologías más debatidas en la lucha contra el cambio climático. La idea es sencilla en apariencia: capturar el dióxido de carbono emitido por industrias y centrales energéticas y almacenarlo a gran profundidad bajo tierra para evitar que llegue a la atmósfera. Sin embargo, detrás de esta solución tecnológica se abre un debate científico complejo sobre sus riesgos, sus límites y su papel real en la transición energética.

 

A medida que gobiernos y empresas invierten miles de millones en proyectos de almacenamiento geológico de CO₂, científicos, ingenieros y ambientalistas coinciden en algo esencial: no se trata de una tecnología libre de peligros.

 

¿Cómo funciona el almacenamiento geológico de CO₂?

 

El CO₂ capturado se comprime hasta un estado supercrítico —una fase entre líquido y gas— y se inyecta en formaciones geológicas profundas, normalmente acuíferos salinos o antiguos yacimientos de petróleo y gas. Estas estructuras deben estar selladas por capas de roca impermeable que impidan que el gas ascienda.

 

El principio se basa en procesos naturales que han retenido hidrocarburos durante millones de años. En condiciones adecuadas, el CO₂ puede quedar atrapado físicamente, disolverse en el agua subterránea o reaccionar químicamente con minerales para formar carbonatos estables.

 

Sin embargo, la seguridad del sistema depende de múltiples variables geológicas difíciles de prever a largo plazo.

 

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(Foto: Wikimedia Commons)

 

1. El riesgo de fugas: el mayor temor científico

 

El principal peligro asociado al almacenamiento subterráneo de CO₂ es la posibilidad de fugas. El dióxido de carbono es menos denso que el agua salina presente en los poros de la roca, por lo que tiende a ascender si encuentra fracturas o fallos en el sellado geológico.

 

Las posibles vías de escape incluyen:

 

-fallas geológicas naturales,

 

-fracturas inducidas por la presión de inyección,

 

-pozos antiguos mal sellados,

 

-defectos en la ingeniería del almacenamiento.

 

Una fuga lenta podría reducir la eficacia climática del sistema; una fuga rápida, aunque improbable, podría provocar acumulaciones peligrosas de CO₂ en superficie, ya que el gas desplaza el oxígeno en concentraciones altas.

 

Los estudios más recientes indican que, en emplazamientos bien seleccionados, el riesgo es bajo, pero nunca nulo, lo que obliga a monitorizar los depósitos durante décadas o siglos.

 

2. Terremotos inducidos: cuando la presión cambia el subsuelo

 

Otro riesgo relevante es la sismicidad inducida. Inyectar grandes volúmenes de fluido en el subsuelo aumenta la presión en las rocas y puede reactivar fallas preexistentes.

 

Investigaciones recientes advierten que algunos emplazamientos potenciales se descartan precisamente por el riesgo de provocar pequeños terremotos o inestabilidad geológica.

 

Aunque la mayoría de estos eventos serían de baja magnitud, el impacto social y político puede ser considerable, especialmente en zonas pobladas o con actividad sísmica previa.

 

3. Contaminación de acuíferos y ecosistemas subterráneos

 

El almacenamiento de CO₂ también plantea interrogantes sobre la calidad del agua subterránea. Si el gas se disuelve en agua, puede formar ácido carbónico, alterando la química del acuífero y movilizando metales pesados presentes en la roca.

 

Este escenario es poco frecuente en proyectos bien diseñados, pero constituye uno de los factores clave en la evaluación ambiental de los proyectos, junto a la proximidad a reservas naturales o fuentes de agua potable.

 

4. Limitaciones geográficas y capacidad real de almacenamiento

 

Uno de los aspectos menos conocidos del debate es que no todo el subsuelo es adecuado para almacenar CO₂. Las zonas geológicamente estables y seguras son más escasas de lo que se pensaba inicialmente.

 

Al considerar riesgos geológicos, ambientales y económicos, algunos estudios recientes estiman que la capacidad global utilizable podría ser mucho menor que las previsiones iniciales de la industria.

 

Esto plantea una cuestión estratégica: el almacenamiento geológico podría ser una herramienta útil, pero probablemente no una solución universal para las emisiones globales.

 

5. Riesgos tecnológicos y dependencia energética

 

Más allá de los riesgos físicos, existe un debate científico sobre el papel del CCS en la política climática. Algunos investigadores advierten que confiar excesivamente en esta tecnología podría retrasar la reducción directa de emisiones, manteniendo la dependencia de combustibles fósiles bajo la promesa de futuras soluciones tecnológicas.

 

Además, la captura y compresión del CO₂ requieren grandes cantidades de energía, lo que reduce la eficiencia global del sistema.

 

¿Es realmente peligroso almacenar CO₂ bajo tierra?

 

La respuesta científica es matizada. El consenso actual no afirma que el almacenamiento geológico sea inherentemente peligroso, sino que sus riesgos dependen enormemente del lugar, el diseño y la supervisión del proyecto.

 

De hecho, algunas investigaciones señalan que, en condiciones geológicas adecuadas, el CO₂ podría permanecer atrapado durante millones de años con probabilidades de escape muy bajas.

 

El verdadero debate no es solo técnico, sino estratégico: cuánto debe depender la humanidad de esta tecnología frente a la reducción directa de emisiones.

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