Historia de la Ciencia
Jaroslav Heyrovský: el científico que transformó la química con una gota de mercurio
La historia de la ciencia está llena de descubrimientos espectaculares, pero pocos nacieron de una idea tan aparentemente sencilla como la de observar la corriente eléctrica generada por una diminuta gota de mercurio. Sin embargo, esa intuición convirtió al químico checo Jaroslav Heyrovský en uno de los grandes nombres de la química del siglo XX y le valió el Premio Nobel de Química en 1959, al sentar las bases de la polarografía, una técnica que revolucionó el análisis químico moderno.
Un joven científico entre Praga y Londres
Jaroslav Heyrovský nació el 20 de diciembre de 1890 en Praga, entonces parte del Imperio austrohúngaro. Desde joven mostró interés por las ciencias naturales y cursó estudios de física, química y matemáticas en la Universidad Carolina de Praga. Más tarde continuó su formación en el University College de Londres, donde trabajó con científicos de primer nivel como William Ramsay, premio Nobel de Química.
Su carrera científica se vio interrumpida por la Primera Guerra Mundial, durante la cual trabajó como radiólogo en un hospital militar. Tras el conflicto regresó a la investigación y completó su doctorado en electroquímica, el campo que marcaría toda su trayectoria.
En 1926 fue nombrado profesor de fisicoquímica en la Universidad de Praga, desde donde impulsaría una auténtica escuela científica que convertiría a la ciudad en un centro internacional de investigación electroquímica.
El nacimiento de la polarografía: una revolución silenciosa
El gran avance de Heyrovský comenzó en la década de 1920, cuando investigaba anomalías en curvas electrocapilares relacionadas con electrodos de mercurio. Sus experimentos le llevaron a una idea fundamental: medir la corriente eléctrica que circula por una solución cuando se aplica un potencial controlado podía revelar la identidad y la concentración de las sustancias presentes.
Así nació la polarografía, un método electroanalítico capaz de detectar cantidades muy pequeñas de compuestos químicos. En 1925, junto al científico japonés Masuzo Shikata, desarrolló el primer polarógrafo automático, un instrumento que permitía registrar estas mediciones de forma continua.
La técnica resultó revolucionaria. Permitía realizar análisis cualitativos y cuantitativos con una precisión inédita para la época y se extendió rápidamente por laboratorios de todo el mundo. En apenas una década, la polarografía ya era una herramienta habitual en química analítica.
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(Foto: Wikimedia Commons)
Un descubrimiento con impacto global
El alcance del trabajo de Heyrovský fue mucho más allá del laboratorio. La polarografía permitió avances en campos tan diversos como la industria química, la farmacología, la medicina o el control de calidad de alimentos, al facilitar la detección de sustancias en concentraciones extremadamente bajas.
Su método también abrió el camino a muchas técnicas electroquímicas modernas. De hecho, gran parte de la electroanálisis contemporánea deriva conceptualmente de los principios que él estableció en los años veinte.
En reconocimiento a esta contribución, la Academia Sueca le otorgó el Premio Nobel de Química en 1959 “por el descubrimiento y desarrollo de los métodos polarográficos de análisis”.
Maestro, divulgador y creador de una escuela científica
Además de investigador, Heyrovský fue un influyente profesor y mentor. Fundó el Instituto de Polarografía de la Academia Checoslovaca de Ciencias y formó a varias generaciones de químicos, consolidando lo que se conoce como la escuela checa de fisicoquímica.
A lo largo de su vida viajó por Europa, Estados Unidos y Asia difundiendo su método y colaborando con científicos internacionales, contribuyendo a la rápida expansión de la polarografía.
Incluso en sus últimos años continuó asistiendo diariamente al laboratorio, siguiendo los avances científicos hasta poco antes de su fallecimiento en Praga el 27 de marzo de 1967.

