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Redacción
Lunes, 16 de Febrero de 2026
Geología

Las señales ocultas del volcán: las fases que preceden a una erupción volcánica

Durante décadas, las erupciones volcánicas fueron percibidas como fenómenos impredecibles y repentinos. Hoy, gracias a los avances en geología, geofísica y monitorización satelital, los científicos saben que los volcanes rara vez “despiertan” sin avisar. Antes de una erupción, el sistema volcánico atraviesa una serie de fases bien identificadas que permiten anticipar, con mayor o menor precisión, la actividad eruptiva. Comprender estas etapas no solo es clave para la investigación científica, sino también para la protección de las poblaciones cercanas.

 

1. El ascenso del magma: el inicio invisible

 

Todo comienza en profundidad. El magma —roca fundida cargada de gases— asciende lentamente desde el manto o desde cámaras magmáticas profundas hacia niveles más superficiales de la corteza terrestre. Este movimiento suele ser lento y puede durar semanas, meses o incluso años.

 

En esta fase inicial no hay señales visibles para la población, pero los instrumentos científicos ya detectan cambios. El magma al moverse fractura las rocas circundantes, generando pequeños terremotos conocidos como sismicidad volcánica. Estos sismos suelen ser de baja magnitud, pero aumentan en frecuencia con el tiempo.

 

2. Incremento de la actividad sísmica

 

Como se ha dicho, uno de los indicadores más claros de una posible erupción es el aumento sostenido de terremotos en la zona volcánica. No se trata solo de cantidad, sino también del tipo de sismo. Los volcanólogos distinguen entre:

 

-Sismos volcano-tectónicos, causados por la fractura de la roca.

 

-Sismos de largo periodo, asociados al movimiento de fluidos y gases.

 

-Tremor volcánico, una vibración continua que puede indicar que el magma está muy cerca de la superficie.

 

Cuando estos fenómenos aparecen simultáneamente, los observatorios volcánicos suelen elevar el nivel de alerta.

 

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3. Deformación del terreno: el volcán se hincha

 

A medida que el magma se acumula, ejerce presión sobre las capas superiores del volcán. El resultado es una deformación del terreno, a menudo imperceptible para el ojo humano, pero detectable mediante GPS de alta precisión, inclinómetros y radar satelital (InSAR).

 

El volcán puede literalmente inflarse unos pocos centímetros o decenas de centímetros. Este abombamiento es una señal crítica: indica que el sistema magmático está presurizándose.

 

4. Cambios en los gases volcánicos

 

El magma contiene grandes cantidades de gases disueltos, principalmente vapor de agua, dióxido de carbono (CO₂) y dióxido de azufre (SO₂). Cuando el magma asciende, la presión disminuye y los gases comienzan a liberarse.

 

Un aumento en la emisión de CO₂ suele ser una señal temprana, mientras que el incremento de SO₂ suele indicar que el magma está más cerca de la superficie. Los científicos analizan la composición y proporción de estos gases para estimar el riesgo eruptivo.

 

5. Alteraciones térmicas y actividad superficial

 

En las fases finales previas a la erupción pueden observarse cambios visibles:

 

-Aumento de la temperatura del suelo.

 

-Intensificación de fumarolas.

 

-Cambios en fuentes termales.

 

-Deshielo acelerado en volcanes cubiertos por nieve o hielo.

 

Los satélites térmicos permiten detectar estas anomalías incluso en volcanes remotos.

 

6. La fase crítica: fracturación y apertura de conductos

 

Cuando la presión interna supera la resistencia de las rocas, se abren fracturas que permiten al magma ascender rápidamente. En este momento, la erupción puede producirse en horas o días. La sismicidad se vuelve más intensa, el tremor volcánico aumenta y las emisiones de gases alcanzan niveles máximos.

 

Sin embargo, no todos los procesos culminan en erupción. En ocasiones, el magma se enfría o cambia de dirección, y el volcán vuelve a un estado de reposo.

 

¿Se puede predecir una erupción volcánica?

 

La ciencia actual permite anticipar escenarios eruptivos, pero no predecir con exactitud cuándo ocurrirá una erupción. Cada volcán tiene un comportamiento propio, y la interpretación de señales requiere un análisis continuo y multidisciplinar.

 

Aun así, la combinación de sismología, geodesia, geoquímica y observación satelital ha reducido enormemente el riesgo para las poblaciones. Ejemplos recientes demuestran que una buena monitorización puede permitir evacuaciones a tiempo y salvar miles de vidas.

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