Paleontología
Historia, ciencia y lecciones de la extinción más famosa del planeta
Durante siglos, el dodo ha simbolizado la desaparición irreversible de una especie. Torpe en apariencia y rodeado de mitos, esta ave incapaz de volar se convirtió en un icono científico y cultural que hoy sigue ayudando a comprender el impacto humano sobre la biodiversidad. Pero ¿qué sabemos realmente del dodo y por qué su historia sigue siendo tan relevante en pleno siglo XXI?
Un ave única en una isla aislada
El dodo (Raphus cucullatus) habitaba exclusivamente en la isla de Mauricio, en el océano Índico. Allí evolucionó durante miles de años sin depredadores naturales, lo que explica muchas de sus características: un cuerpo robusto, alas pequeñas e incapacidad para volar.
Lejos de ser un animal torpe o lento, como lo retrataron los primeros relatos europeos, el dodo estaba perfectamente adaptado a su ecosistema. Se alimentaba principalmente de frutos caídos, semillas y pequeños invertebrados, desempeñando un papel importante en la dispersión de plantas locales.
Los estudios actuales sugieren que el dodo estaba emparentado con las palomas modernas, aunque su tamaño —cercano al metro de altura y hasta 20 kilos de peso— lo hacía parecer completamente distinto.
El encuentro con los humanos y una extinción rápida
La llegada de los navegantes europeos a finales del siglo XVI marcó el principio del fin para el dodo. Los marineros cazaban estas aves con facilidad, ya que no temían a los humanos. Sin embargo, la causa principal de su desaparición no fue solo la caza directa.
Los animales introducidos por los colonos —ratas, cerdos y monos— devastaron los nidos del dodo, que se encontraban en el suelo. En apenas unas décadas, la población colapsó. El último avistamiento ampliamente aceptado data de 1662, lo que convierte al dodo en uno de los primeros casos documentados de extinción causada por la actividad humana.
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(Foto: Wikimedia Commons)
De curiosidad natural a símbolo científico
Durante mucho tiempo, el dodo fue considerado casi una criatura legendaria. La falta de restos completos llevó a pensar que algunas ilustraciones eran exageradas o incorrectas. No fue hasta el siglo XIX cuando la ciencia comenzó a reconstruir su historia con mayor precisión.
El naturalista Charles Darwin utilizó ejemplos de especies insulares extinguidas para reforzar sus ideas sobre la evolución y la adaptación, desarrolladas en su obra On the Origin of Species. El caso del dodo ayudó a demostrar cómo los cambios ambientales rápidos pueden superar la capacidad de adaptación de una especie.
Hoy, museos e instituciones científicas continúan estudiando restos fósiles para comprender mejor su anatomía, su dieta y el ecosistema que habitaba antes de la llegada humana.
El dodo en la cultura popular
Más allá de la ciencia, el dodo se convirtió en un símbolo universal de la extinción. Su imagen aparece en literatura, arte y lenguaje cotidiano; expresiones como “muerto como un dodo” reflejan hasta qué punto su historia ha penetrado en la cultura global.
Este papel simbólico ha tenido un efecto positivo: el dodo se ha transformado en una herramienta educativa para explicar la fragilidad de los ecosistemas y la responsabilidad humana en la conservación.
Lo que el dodo nos enseña hoy
El caso del dodo sigue siendo citado en debates actuales sobre biodiversidad y cambio climático. Su desaparición demuestra que los ecosistemas aislados son especialmente vulnerables y que la introducción de especies invasoras puede ser tan destructiva como la caza o la destrucción del hábitat.
En un mundo donde miles de especies se encuentran amenazadas, el dodo funciona como advertencia y recordatorio. No fue un animal inútil ni torpe, sino una especie perfectamente adaptada a un entorno que cambió demasiado rápido.
Comprender su historia no solo ilumina el pasado, sino que ayuda a evitar que otras especies sigan el mismo camino hacia la extinción.



