Psicología
¿Cómo se comunican los bebés antes de hablar?
Antes de pronunciar su primera palabra, un bebé ya domina un sofisticado sistema de comunicación. Mucho antes de decir “mamá” o “papá”, los recién nacidos utilizan el llanto, la mirada, los gestos y hasta el silencio como herramientas para interactuar con el mundo. Lejos de ser simples reflejos, estos comportamientos forman parte de un proceso biológico y cognitivo extraordinariamente complejo que la ciencia lleva décadas estudiando.
El llanto: el primer lenguaje humano
El llanto es la primera forma de comunicación del ser humano. Desde el nacimiento, el bebé utiliza distintas variaciones del llanto para expresar necesidades básicas como hambre, sueño, incomodidad o dolor.
Estudios en psicología del desarrollo han demostrado que los padres pueden aprender a distinguir matices en el llanto de sus hijos. No todos los llantos son iguales: cambian en intensidad, ritmo y tono según la causa. Este fenómeno ha sido analizado dentro del marco de la teoría del apego propuesta por John Bowlby, quien sostuvo que estas señales tempranas están diseñadas evolutivamente para garantizar la supervivencia.
Desde una perspectiva biológica, el llanto activa respuestas hormonales en los adultos, aumentando la atención y la disposición al cuidado. No es casualidad: es un mecanismo adaptativo profundamente arraigado en nuestra especie.
![[Img #78049]](https://noticiasdelaciencia.com/upload/images/02_2026/5071_pexels-baby-1839565_1920.jpg)
La mirada y las expresiones faciales: conexión desde los primeros días
Mucho antes de poder hablar, los bebés ya son expertos en comunicación no verbal. A las pocas semanas de vida comienzan a mantener contacto visual y a imitar expresiones faciales simples.
Investigaciones iniciadas por Andrew Meltzoff mostraron que incluso los recién nacidos pueden imitar gestos como sacar la lengua. Esto sugiere que la capacidad de conectar con otros está presente desde etapas sorprendentemente tempranas.
La sonrisa social, que aparece alrededor de las seis a ocho semanas, marca un punto de inflexión. Ya no es un reflejo automático: es una respuesta dirigida, una forma clara de interacción. El bebé no solo reacciona, sino que provoca una reacción.
El balbuceo: el laboratorio del lenguaje
Entre los 4 y 7 meses emerge el balbuceo: sonidos repetitivos como “ba-ba” o “da-da” que pueden parecer aleatorios, pero que en realidad constituyen un entrenamiento intensivo para el habla.
El lingüista Noam Chomsky revolucionó la comprensión del lenguaje al proponer que los humanos nacen con una predisposición biológica para adquirirlo. Aunque su teoría del “dispositivo de adquisición del lenguaje” ha evolucionado con el tiempo, la evidencia confirma que el cerebro infantil está especialmente preparado para absorber sonidos, ritmos y patrones lingüísticos.
Durante esta etapa, el bebé experimenta con su aparato fonador, ajusta sonidos según la respuesta del entorno y comienza a asociar sonidos con significados.
Gestos y señalamiento: el puente hacia las palabras
Alrededor de los 9 a 12 meses aparece un gesto crucial: señalar. Este acto aparentemente simple representa un hito cognitivo enorme.
Cuando un bebé señala un objeto y mira al adulto, está demostrando atención conjunta, es decir, la capacidad de compartir foco mental con otra persona. Esta habilidad es fundamental para el desarrollo del lenguaje y la cognición social.
El psicólogo Michael Tomasello ha destacado que esta intención comunicativa compartida es uno de los rasgos que distingue la comunicación humana de la animal. No se trata solo de pedir algo; es compartir una experiencia.
El papel del “habla maternal” o lenguaje dirigido al bebé
Otra pieza clave es cómo los adultos responden. El llamado “habla maternal” —frases más cortas, tono agudo y exagerado, ritmo pausado— no es una simple ternura cultural: tiene base científica.
Este tipo de comunicación facilita la segmentación de palabras y ayuda al cerebro del bebé a identificar patrones lingüísticos. Las investigaciones en neurociencia muestran que el cerebro infantil responde de forma más activa a este estilo de habla que al discurso adulto convencional.
La comunicación, por tanto, es bidireccional desde el principio.
El cerebro del bebé: preparado para comunicar
Las técnicas modernas de neuroimagen han permitido observar cómo incluso en los primeros meses de vida se activan áreas cerebrales asociadas al lenguaje, como las regiones que en adultos corresponderían a zonas especializadas.
Aunque todavía no produzcan palabras, los bebés ya están procesando estructuras, entonaciones y significados. Su cerebro funciona como una esponja social y lingüística.
¿Qué pueden hacer los padres para favorecer la comunicación temprana?
La evidencia científica es clara:
-Responder de forma sensible al llanto.
-Mantener contacto visual frecuente.
-Hablarle al bebé incluso antes de que comprenda las palabras.
-Imitar sus sonidos y gestos.
-Leerle cuentos desde los primeros meses.
Estas acciones fortalecen no solo el desarrollo del lenguaje, sino también el vínculo emocional.

