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Redacción
Martes, 24 de Febrero de 2026
Salud

Los peligros de la cortisona

La cortisona y sus derivados forman parte del arsenal terapéutico más potente de la medicina moderna. Desde crisis asmáticas hasta enfermedades autoinmunes, estos fármacos han salvado millones de vidas. Sin embargo, su uso no está exento de riesgos. ¿Cuáles son realmente los peligros de la cortisona? ¿Cuándo sus beneficios superan a los efectos secundarios? ¿Y cómo reducir sus riesgos?

 

¿Qué es la cortisona y cómo actúa?

 

La cortisona pertenece al grupo de los corticosteroides, medicamentos que imitan la acción del cortisol, una hormona producida por las glándulas suprarrenales. Fármacos como la prednisona, la dexametasona o la hidrocortisona son versiones sintéticas ampliamente utilizadas.

 

Su principal efecto es antiinflamatorio e inmunosupresor. Esto significa que reducen la inflamación y disminuyen la actividad del sistema inmunitario. Gracias a ello, son esenciales en enfermedades como:

 

-Asma y EPOC

 

-Artritis reumatoide

 

-Lupus

 

-Reacciones alérgicas graves

 

-Enfermedad inflamatoria intestinal

 

-Tratamientos oncológicos

 

El problema surge cuando su uso es prolongado o inadecuado.

 

Principales peligros de la cortisona

 

1. Supresión del sistema inmunitario

 

Uno de los riesgos más conocidos es el aumento de la susceptibilidad a infecciones. Al frenar la respuesta inmune, el organismo puede tener más dificultad para combatir virus, bacterias y hongos.

 

En tratamientos largos o a dosis altas, aumenta el riesgo de:

 

-Infecciones respiratorias

 

-Reactivación de tuberculosis latente

 

-Candidiasis

 

-Infecciones oportunistas

 

2. Osteoporosis y fracturas

 

El uso prolongado de corticosteroides reduce la densidad mineral ósea. Esto puede derivar en osteoporosis y fracturas, especialmente en personas mayores y mujeres posmenopáusicas.

 

De hecho, la llamada “osteoporosis inducida por corticoides” es una de las complicaciones más estudiadas en endocrinología.

 

3. Aumento de peso y cambios metabólicos

 

La cortisona puede provocar:

 

-Retención de líquidos

 

-Redistribución de la grasa corporal (cara de luna llena, acumulación en abdomen)

 

-Aumento del apetito

 

-Hiperglucemia

 

En algunos casos puede desencadenar o agravar una diabetes tipo 2.

 

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4. Problemas cardiovasculares

 

El tratamiento crónico con corticoides puede elevar la presión arterial y alterar los niveles de colesterol y triglicéridos, aumentando el riesgo cardiovascular a largo plazo.

 

5. Alteraciones psicológicas

 

Uno de los efectos menos conocidos pero clínicamente relevantes son los cambios en el estado de ánimo. Pueden aparecer:

 

-Insomnio

 

-Irritabilidad

 

-Ansiedad

 

-Depresión

 

-Episodios maníacos (en casos raros)

 

Estos efectos suelen depender de la dosis y la duración del tratamiento.

 

6. Supresión suprarrenal

 

El cuerpo deja de producir cortisol de forma natural cuando recibe corticoides externos durante un periodo prolongado. Si el medicamento se suspende de forma brusca, puede aparecer una insuficiencia suprarrenal aguda, una condición potencialmente grave.

 

Por eso, la retirada debe hacerse siempre de forma progresiva y bajo supervisión médica.

 

¿Todos los tratamientos con cortisona son peligrosos?

 

No. La clave está en:

 

-Dosis

 

-Duración

 

-Vía de administración

 

Los corticoides tópicos (cremas), inhalados o inyectados en una articulación suelen tener menos efectos sistémicos que los orales o intravenosos.

 

Además, tratamientos cortos (por ejemplo, 5–10 días) rara vez producen efectos graves en personas sanas.

 

El riesgo aumenta cuando:

 

-Se utilizan durante meses o años

 

-Se emplean dosis altas

 

-Existen factores de riesgo previos

 

Cómo reducir los riesgos de la cortisona

 

La evidencia científica recomienda:

 

-Usar la menor dosis eficaz durante el menor tiempo posible.

 

-No suspender nunca el tratamiento bruscamente sin indicación médica.

 

-Controlar la presión arterial y la glucosa si el tratamiento es prolongado.

 

-Evaluar la salud ósea (densitometría en tratamientos largos).

 

-Mantener una dieta equilibrada y ejercicio regular.

 

En algunos casos, el médico puede prescribir calcio, vitamina D o fármacos protectores óseos.

 

¿Debemos tener miedo a la cortisona?

 

La cortisona no es “buena” ni “mala”: es una herramienta potente. Como muchos medicamentos eficaces, puede tener efectos secundarios importantes si se usa sin control.

 

Paradójicamente, en situaciones críticas —como reacciones alérgicas graves o inflamaciones severas— puede ser literalmente salvadora.

 

El problema no es el fármaco en sí, sino el uso inadecuado, la automedicación o la falta de seguimiento médico.

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