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Redacción
Martes, 24 de Febrero de 2026
Antropología

Cómo cambió la humanidad cuando empezó a cocinar la carne

Hace aproximadamente entre 1,5 y 2 millones de años, algo aparentemente simple transformó para siempre el destino de nuestra especie: el control del fuego y la cocción de los alimentos. Mucho antes de la agricultura o la escritura, cocinar carne marcó un punto de inflexión biológico, social y cultural que ayudó a moldear al ser humano moderno.

 

¿Cómo afectó exactamente empezar a consumir carne cocinada? ¿Fue solo una mejora gastronómica… o el verdadero motor de nuestra evolución?

 

Más calorías, menos esfuerzo: la revolución energética

 

Desde el punto de vista biológico, cocinar carne supuso una auténtica revolución metabólica.

 

Cuando se aplica calor a la carne:

 

-Se desnaturalizan las proteínas (se vuelven más fáciles de digerir).

 

-Se ablandan los tejidos conectivos.

 

-Se eliminan muchos patógenos y parásitos.

 

-Aumenta la disponibilidad calórica neta.

 

El primatólogo Richard Wrangham, de la Universidad de Harvard, ha defendido que cocinar permitió a nuestros antepasados obtener más energía con menos gasto digestivo. En su libro Catching Fire, argumenta que el fuego fue tan importante como la invención de las herramientas de piedra.

 

Antes de cocinar, digerir carne cruda requería más tiempo y energía. Con alimentos cocinados, el cuerpo pudo redirigir parte de ese “ahorro energético” hacia un órgano extremadamente demandante: el cerebro.

 

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Un cerebro más grande gracias al fuego

 

Una de las hipótesis más sólidas en paleoantropología sugiere que el aumento del tamaño cerebral en especies como Homo erectus estuvo relacionado con cambios en la dieta.

 

El cerebro humano consume aproximadamente el 20% de la energía total del cuerpo en reposo. Para sostener ese gasto era necesario:

 

-Más calorías.

 

-Nutrientes de alta calidad.

 

-Una digestión más eficiente.

 

La carne cocinada proporcionaba exactamente eso.

 

De hecho, si comparamos a Homo erectus con sus antecesores, observamos:

 

-Reducción del tamaño de los dientes.

 

-Mandíbulas más pequeñas.

 

-Aparato digestivo relativamente reducido.

 

-Incremento significativo del volumen cerebral.

 

Estos cambios anatómicos son coherentes con una dieta más blanda y energéticamente densa: carne cocinada.

 

El fuego como catalizador social

 

Cocinar no fue solo una innovación nutricional. Fue también una revolución social.

 

El control del fuego implicaba:

 

-Permanecer en un lugar fijo durante más tiempo.

 

-Compartir alimentos.

 

-Proteger el fuego de depredadores y del clima.

 

-Cooperar dentro del grupo.

 

Alrededor del fuego probablemente nacieron:

 

-Las primeras formas complejas de comunicación.

 

-La transmisión cultural sistemática.

 

-Los rituales colectivos.

 

-Una división más clara de roles sociales.

 

Algunos antropólogos sostienen que el fuego fue el primer “espacio público” de la humanidad.

 

Menos enfermedades, mayor supervivencia

 

La carne cruda puede albergar bacterias, virus y parásitos peligrosos. La cocción reduce drásticamente estos riesgos.

 

En entornos donde no existían antibióticos ni sistemas inmunológicos modernos, esta ventaja fue crucial:

 

-Menos infecciones gastrointestinales.

 

-Menor mortalidad infantil.

 

-Mayor esperanza de vida reproductiva.

 

En términos evolutivos, eso significa más descendencia viable.

 

Cambios genéticos y adaptación

 

La transición hacia alimentos cocinados también pudo influir en nuestra genética. Estudios sobre la expresión de enzimas digestivas y adaptaciones metabólicas sugieren que nuestro organismo se fue especializando en procesar alimentos tratados térmicamente.

 

En otras palabras: no solo cocinamos carne, sino que evolucionamos para hacerlo.

 

¿Cuándo empezó todo?

 

Las evidencias más antiguas de uso controlado del fuego datan de hace al menos 800.000 años, aunque algunos hallazgos sugieren fechas incluso anteriores. Sitios arqueológicos en África e Israel muestran restos de huesos quemados y hogares primitivos.

 

Aunque existe debate científico sobre la cronología exacta, la mayoría de los investigadores coincide en que el dominio regular del fuego fue decisivo durante la expansión de Homo erectus fuera de África.

 

La cocina: la primera tecnología humana transformadora

 

Si pensamos en grandes hitos tecnológicos —la rueda, la imprenta, internet— olvidamos que el primer gran avance fue culinario.

 

Cocinar carne:

 

-Transformó nuestra anatomía.

 

-Impulsó el crecimiento cerebral.

 

-Facilitó la cooperación social.

 

-Redujo enfermedades.

 

-Aceleró la evolución cultural.

 

En cierto sentido, el ser humano no es solo un “animal racional”, sino un animal cocinero.

 

Sin fuego, probablemente no habría ciencia. Sin cocina, quizá no habría civilización.

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