Historia de la Ciencia
Adolf Butenandt: el químico que descifró las hormonas sexuales
En la historia de la bioquímica del siglo XX hay nombres que marcaron un antes y un después en la comprensión del cuerpo humano. Uno de ellos es Adolf Butenandt, el científico alemán que logró aislar y describir químicamente las principales hormonas sexuales, un descubrimiento que revolucionó la endocrinología, la medicina reproductiva y la investigación biomédica moderna.
Su trabajo le valió el Premio Nobel de Química en 1939, compartido con el químico suizo Leopold Ruzicka. Pero la vida de Butenandt fue mucho más compleja que un galardón científico: estuvo profundamente entrelazada con la convulsa historia de la Alemania nazi y la reconstrucción científica de la posguerra.
Orígenes y formación académica
Adolf Friedrich Johann Butenandt nació el 24 de marzo de 1903 en Bremerhaven-Lehe, entonces parte del Imperio Alemán. Estudió química en la Universidad de Marburgo y se doctoró en la Universidad de Gotinga, donde comenzó a interesarse por el estudio de los compuestos biológicos activos.
En una época en la que las hormonas eran poco más que una hipótesis fisiológica, Butenandt se propuso aislarlas, identificarlas y determinar su estructura química. Era un desafío monumental: estas sustancias están presentes en cantidades minúsculas en el organismo.
El aislamiento de las hormonas sexuales: un hito científico
Durante la década de 1920 y principios de 1930, Butenandt consiguió lo que muchos consideraban imposible:
-Aisló la estrona (1929), una de las principales hormonas femeninas.
-Identificó la androsterona (1931), hormona sexual masculina.
-Más tarde logró aislar la progesterona.
Estos avances sentaron las bases de la endocrinología moderna. Comprender la estructura de estas hormonas permitió su síntesis en laboratorio, lo que abriría el camino al desarrollo de terapias hormonales, tratamientos para la infertilidad y, décadas más tarde, anticonceptivos hormonales.
Por estos descubrimientos sobre las hormonas sexuales y los esteroides relacionados recibió el Nobel en 1939. Sin embargo, el contexto político alteró el curso de su reconocimiento.
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El Nobel bajo la sombra del Tercer Reich
En 1939, tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el régimen nazi prohibió a los ciudadanos alemanes aceptar premios Nobel, como represalia por el Nobel de la Paz otorgado años antes a un opositor del régimen. Butenandt se vio obligado a rechazar formalmente el premio.
No fue hasta 1949, tras la caída del Tercer Reich, cuando pudo aceptar oficialmente el galardón.
Durante el periodo nazi, Butenandt ocupó posiciones académicas relevantes y dirigió institutos de investigación. Esta etapa sigue siendo objeto de debate histórico, ya que la ciencia alemana de entonces estaba profundamente vinculada al aparato estatal.
Reconstrucción científica y liderazgo institucional
Tras la guerra, Butenandt desempeñó un papel clave en la reorganización de la ciencia alemana. Fue presidente de la prestigiosa Sociedad Max Planck entre 1960 y 1972, consolidando su papel como una de las figuras más influyentes en la investigación europea de posguerra.
La Sociedad Max Planck sucedió a la antigua Kaiser-Wilhelm-Gesellschaft, con el objetivo de renovar y modernizar la ciencia alemana en un contexto democrático.
Impacto científico
Los trabajos de Butenandt no solo transformaron la endocrinología, sino que también:
-Impulsaron la química de los esteroides.
-Contribuyeron al desarrollo de fármacos hormonales.
-Sentaron las bases de la biología molecular aplicada a la fisiología.
Además, realizó investigaciones pioneras sobre feromonas en insectos, ampliando su influencia más allá del campo humano.
Últimos años
Adolf Butenandt falleció el 18 de enero de 1995. Su herencia científica es indiscutible: ayudó a convertir la química biológica en una disciplina central del siglo XX.
Sin embargo, su figura también invita a reflexionar sobre la relación entre ciencia, poder y ética en tiempos de crisis política. Como muchos científicos de su generación en Alemania, su trayectoria profesional no puede entenderse sin el contexto histórico que la rodeó.

