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Redacción
Lunes, 09 de Marzo de 2026
Psicología

¿Es diferente el cerebro de los maltratadores?

¿El cerebro de un maltratador es distinto al de otros delincuentes? La pregunta resulta incómoda, pero es clave para entender la violencia de género desde una perspectiva científica. En los últimos años, la neurociencia ha intentado determinar si existen patrones cerebrales específicos en quienes ejercen violencia contra sus parejas o si, por el contrario, comparten rasgos neurobiológicos con otros agresores.

 

Violencia de género y cerebro: qué estudia la ciencia

 

La violencia ejercida contra la pareja, especialmente contra mujeres, ha sido analizada desde la psicología, la sociología y el derecho. En el ámbito clínico se habla de violencia de pareja o violencia interpersonal, mientras que organismos como la Organización Mundial de la Salud la consideran un grave problema de salud pública global.

 

En el terreno neurocientífico, los investigadores comparan mediante resonancia magnética estructural y funcional el cerebro de:

 

-Maltratadores condenados por violencia de pareja

 

-Otros delincuentes violentos (por ejemplo, agresores en peleas o robos con violencia)

 

-Personas sin antecedentes penales

 

El objetivo: detectar diferencias en estructura, conectividad o activación cerebral.

 

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Las regiones cerebrales bajo sospecha

 

Varios estudios apuntan a alteraciones en áreas vinculadas con la regulación emocional, la empatía y el control de impulsos.

 

1. Corteza prefrontal: el freno del comportamiento

 

La corteza prefrontal es clave para el autocontrol, la planificación y la inhibición de conductas agresivas. Alteraciones en esta región se han observado tanto en delincuentes violentos como en maltratadores.

 

La diferencia es que algunos estudios sugieren que en maltratadores podría haber una menor capacidad de regulación emocional en contextos de conflicto íntimo, más que una agresividad generalizada.

 

2. Amígdala: el detector de amenazas

 

La amígdala participa en el procesamiento del miedo y la ira. Una hiperreactividad puede favorecer respuestas agresivas ante estímulos percibidos como amenazas.

 

En ciertos trabajos, los maltratadores muestran una respuesta emocional exacerbada ante estímulos relacionados con celos o rechazo, algo que no siempre aparece en otros delincuentes violentos.

 

3. Circuitos de empatía

 

Algunos investigadores han observado diferencias en redes asociadas a la empatía cognitiva (comprender lo que siente el otro) frente a la empatía emocional (sentir lo que el otro siente).

 

En determinados perfiles de maltratadores, la empatía emocional puede estar relativamente conservada, pero la regulación de la respuesta ante el conflicto está alterada. Esto los diferenciaría de perfiles psicopáticos más clásicos.

 

¿Se parecen a los psicópatas?

 

La comparación es inevitable. La psicopatía ha sido ampliamente estudiada en neurociencia, especialmente a partir de investigaciones sobre criminales violentos en prisiones.

 

En general:

 

-Los psicópatas muestran déficits marcados en empatía y procesamiento del miedo.

 

-Muchos maltratadores no cumplen criterios de psicopatía.

 

-Solo una minoría presenta rasgos psicopáticos elevados.

 

Es decir, la mayoría de los maltratadores no son psicópatas clínicos, sino individuos con dificultades en regulación emocional, dependencia afectiva patológica, celos extremos o creencias rígidas sobre el control de la pareja.

 

Tipos de maltratadores: no todos son iguales

 

La investigación psicológica distingue varios perfiles:

 

-Violento solo en el ámbito familiar

 

-Disfórico/borderline (emocionalmente inestable)

 

-Generalmente violento y antisocial

 

El tercer grupo es el que más se asemeja neurobiológicamente a otros delincuentes violentos. En cambio, los dos primeros podrían presentar patrones diferenciales vinculados más a la gestión emocional que a la criminalidad general.

 

¿Existe un “marcador cerebral” del maltrato?

 

No. Hasta el momento:

 

-No hay una firma cerebral única.

 

-No existe una prueba de neuroimagen que permita “detectar” maltratadores.

 

-Las diferencias encontradas son estadísticas y grupales, no diagnósticas individuales.

 

Además, el cerebro es plástico: cambia con la experiencia, el aprendizaje y el entorno.

 

El papel del contexto social

 

Reducir la violencia de género a un problema cerebral sería científicamente inexacto y socialmente peligroso.

 

Factores culturales, creencias sobre roles de género, experiencias infantiles de violencia, consumo de sustancias y dinámicas de poder influyen enormemente.

 

La neurobiología puede explicar vulnerabilidades, pero no determina el comportamiento de forma automática.

 

¿Implica esto menor responsabilidad?

 

No. Que existan correlatos cerebrales no elimina la responsabilidad penal. La mayoría de maltratadores:

 

-Comprenden la ilegalidad de sus actos

 

-Controlan su conducta en otros contextos

 

-Seleccionan cuándo ejercer violencia

 

Esto indica que no se trata de una incapacidad neurológica absoluta.

 

Lo que sabemos y lo que falta por saber

 

La evidencia actual sugiere que:

 

-Algunos maltratadores muestran alteraciones en circuitos de regulación emocional.

 

-No todos los delincuentes violentos son iguales neurobiológicamente.

 

-La violencia de pareja puede implicar dinámicas emocionales específicas no presentes en otros delitos.

 

Pero también que:

 

-Las muestras de estudio suelen ser pequeñas.

 

-Los perfiles son heterogéneos.

 

-La interacción entre biología y cultura es compleja.

 

La ciencia no respalda la idea de que los maltratadores tengan un “cerebro diferente” en sentido absoluto. Sin embargo, sí apunta a patrones particulares en regulación emocional y procesamiento del conflicto íntimo que podrían distinguir a algunos de ellos de otros delincuentes violentos.

 

La violencia de género no se explica solo en el cerebro, ni solo en la cultura. Es el resultado de una interacción entre vulnerabilidades biológicas, aprendizaje social y dinámicas de poder.

 

Entender esa complejidad no busca justificar la violencia, sino prevenirla mejor.

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