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Redacción
Lunes, 09 de Marzo de 2026
Historia de la Ciencia

Gustav Ludwig Hertz: el Nobel que demostró que los átomos existen

En la historia de la física moderna hay experimentos que no solo aportan datos, sino que transforman nuestra manera de entender la realidad. Uno de ellos fue el que confirmó, de forma directa y elegante, que los átomos solo pueden absorber energía en cantidades discretas. Detrás de ese hallazgo estuvo un científico alemán hoy menos conocido por el gran público, pero fundamental para la física cuántica: Gustav Ludwig Hertz.

 

Este es el recorrido vital y científico del hombre que ayudó a demostrar que el mundo microscópico funciona con reglas radicalmente distintas a las de nuestra experiencia cotidiana.

 

Un apellido ilustre en la ciencia

 

Gustav Ludwig Hertz nació el 22 de julio de 1887 en Hamburgo, entonces parte del Imperio alemán. Pertenecía a una familia con una fuerte tradición científica: era sobrino de Heinrich Hertz, el físico que demostró experimentalmente la existencia de las ondas electromagnéticas, base de la radio moderna.

 

Lejos de vivir a la sombra de su tío, Gustav construiría una carrera propia en uno de los momentos más revolucionarios de la física: el nacimiento de la teoría cuántica.

 

Formación y primeros pasos en la física

 

Hertz estudió física en universidades punteras como la de Göttingen y la de Berlín. En esta última trabajó bajo la influencia intelectual de Max Planck, quien en 1900 había propuesto que la energía no se intercambia de forma continua, sino en “cuantos”.

 

En aquel momento, la idea de Planck era más una solución matemática que una convicción física ampliamente aceptada. Muchos científicos dudaban de que la naturaleza realmente estuviera “cuantizada”.

 

Hertz contribuiría decisivamente a resolver esa duda.

 

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(Foto: The American Institute of Physics)

 

El experimento que cambió la física: Franck–Hertz

 

En 1914, trabajando junto a James Franck en la Universidad de Berlín, Gustav Hertz realizó el experimento que llevaría ambos apellidos: el experimento de Franck–Hertz.

 

El objetivo era estudiar cómo interactúan los electrones con los átomos de mercurio. El montaje era ingenioso: se aceleraban electrones mediante una diferencia de potencial y se observaba cómo colisionaban con átomos en fase gaseosa.

 

El resultado fue sorprendente.

 

En lugar de perder energía de forma continua tras las colisiones, los electrones solo cedían energía en valores concretos. Era como si el átomo solo “aceptara” cantidades específicas. Este comportamiento coincidía con el modelo atómico propuesto por Niels Bohr en 1913, que afirmaba que los electrones ocupan niveles energéticos discretos.

 

El experimento de Franck–Hertz fue la primera confirmación experimental clara de que los niveles de energía atómicos están cuantizados.

 

Premio Nobel y reconocimiento internacional

 

En 1925, Gustav Hertz y James Franck recibieron el Premio Nobel de Física por su descubrimiento de las leyes que gobiernan el impacto de un electrón sobre un átomo.

 

El comité Nobel reconoció así la importancia histórica del experimento: no se trataba solo de un resultado técnico, sino de una validación experimental de la naciente mecánica cuántica.

 

La física clásica quedaba definitivamente superada en el ámbito microscópico.

 

La Primera Guerra Mundial y la investigación aplicada

 

Como muchos científicos europeos de su generación, la carrera de Hertz estuvo marcada por los conflictos bélicos. Durante la Primera Guerra Mundial trabajó en proyectos técnicos para el ejército alemán.

 

Más adelante, su labor científica se orientó también hacia la física aplicada e industrial, especialmente en el campo de la separación de isótopos y la física de gases.

 

El nazismo y la emigración forzada

 

La llegada del régimen nazi al poder en 1933 afectó gravemente al mundo académico alemán. Aunque Hertz no era judío según la definición religiosa, tenía ascendencia judía por parte paterna, lo que lo convirtió en objetivo de las leyes raciales.

 

Abandonó su puesto universitario y trabajó durante años en el sector industrial. Finalmente, tras la Segunda Guerra Mundial, se trasladó a la Unión Soviética, donde participó en proyectos científicos relacionados con la física nuclear.

 

Más tarde regresó a Alemania Oriental, donde desempeñó cargos académicos relevantes y continuó su labor científica hasta su jubilación.

 

Gustav Ludwig Hertz murió el 30 de octubre de 1975 en Berlín Oriental. Para entonces, la física cuántica —cuyos cimientos ayudó a consolidar— era la base de tecnologías como los semiconductores, los láseres y la electrónica moderna.

 

En un mundo donde la palabra “cuántico” se utiliza a menudo sin rigor, recordar el trabajo de Hertz es volver al momento en que la física empezó a demostrar, con datos precisos, que la naturaleza a escala atómica no es continua, sino discreta.

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