Libros
Decrecimiento digital (Neil Selwyn)
Estamos sin duda en la era de la digitalización. Un proceso que parece adecuado y necesario, pero que se está efectuando a toda velocidad. Tan rápido, que algunas personas creen que no se está realizando de forma correcta.
El libro “Decrecimiento Digital”, de Neil Selwyn, es un ensayo breve pero intelectualmente ambicioso que propone repensar de manera radical el lugar que ocupa la tecnología digital en las sociedades contemporáneas. Estructurado en varios capítulos relativamente concisos, el texto se sitúa en la intersección entre los estudios críticos de la tecnología, la ecología política y el pensamiento del decrecimiento. Su punto de partida es una sospecha fundamental: la expansión aparentemente ilimitada de lo digital —desde centros de datos hasta dispositivos personales y plataformas globales— no es necesariamente compatible con un futuro sostenible, ni ambiental ni socialmente.
Selwyn inicia su argumentación cuestionando uno de los dogmas más arraigados de la cultura tecnológica contemporánea: la idea de que más digitalización equivale automáticamente a progreso. Durante décadas, la tecnología digital ha sido presentada como una herramienta capaz de resolver problemas sociales, económicos e incluso ecológicos. Sin embargo, el autor invita al lector a examinar esta narrativa con una mirada más escéptica. Señala que el crecimiento continuo de infraestructuras digitales implica una intensificación de la extracción de recursos, un consumo energético creciente y una producción constante de residuos electrónicos. En este sentido, lo digital —lejos de ser inmaterial— descansa sobre una base profundamente material que tiene consecuencias ecológicas significativas. De hecho, Selwyn sugiere que la humanidad se aproxima a una especie de “pico digital”, un momento en el que la expansión ilimitada de tecnologías y dispositivos comienza a revelar sus límites ambientales y sociales.
A partir de esta premisa, el libro introduce el concepto central que da título a la obra: el decrecimiento digital. Selwyn toma inspiración del movimiento del decrecimiento —una corriente crítica que cuestiona la obsesión económica por el crecimiento constante— y lo aplica al ámbito tecnológico. No se trata simplemente de utilizar menos tecnología o de adoptar una actitud tecnófoba. Más bien, la propuesta consiste en replantear profundamente la forma en que diseñamos, producimos y utilizamos los sistemas digitales. El objetivo sería reorganizar la cultura tecnológica para que genere beneficios sociales reales al tiempo que minimiza su impacto ambiental y sus efectos negativos sobre la vida colectiva.
En este sentido, Selwyn critica lo que podría llamarse el “solucionismo tecnológico”, la creencia de que los problemas creados por la tecnología pueden resolverse mediante más tecnología. En su análisis, muchas iniciativas actuales de “tecnología verde” o “digitalización sostenible” continúan dependiendo de una lógica de crecimiento que reproduce los mismos patrones de consumo y expansión que han contribuido a la crisis ecológica. Frente a ello, el autor propone un cambio conceptual más profundo: no se trata de hacer el sistema digital más eficiente dentro de su lógica actual, sino de preguntarse qué partes del ecosistema digital son realmente necesarias y cuáles podrían reducirse, transformarse o incluso abandonarse.
A lo largo del libro, Selwyn explora diversas formas en que esta reorientación podría empezar a tomar forma. Parte de su análisis se centra en comunidades tecnológicas alternativas: colectivos de hackers, desarrolladores independientes, activistas ambientales y proyectos de tecnología comunitaria que experimentan con modelos más pequeños, descentralizados y sostenibles de computación. En estos espacios aparecen prácticas que el autor considera anticipaciones de un posible futuro de decrecimiento digital: hardware reparable, software ligero, infraestructuras locales y redes orientadas a las necesidades de comunidades concretas en lugar de a la maximización del beneficio o la expansión global.
Uno de los aspectos más interesantes del libro es que Selwyn no se limita a analizar la dimensión técnica de lo digital, sino que presta especial atención a su dimensión cultural y política. La digitalización, argumenta, no es solo una cuestión de dispositivos o algoritmos, sino un conjunto de prácticas sociales y económicas. Las plataformas digitales, por ejemplo, están profundamente vinculadas a modelos de negocio basados en la extracción de datos, la vigilancia y la monetización de la atención. Desde la perspectiva del decrecimiento digital, estas estructuras deberían ser cuestionadas, ya que fomentan dinámicas de expansión permanente que resultan incompatibles con una economía más lenta y equilibrada.
El libro también reflexiona sobre los valores que podrían orientar una cultura tecnológica distinta. Selwyn menciona principios como la convivialidad, la autonomía y el cuidado. La convivialidad implica tecnologías diseñadas para apoyar la cooperación humana en lugar de sustituirla o controlarla. La autonomía sugiere sistemas que otorguen a las comunidades mayor control sobre sus infraestructuras digitales. Y el cuidado apunta a una ética que considere los impactos sociales y ecológicos de cada decisión tecnológica. Estos principios funcionan como un contrapunto a la lógica dominante del sector tecnológico, que suele priorizar la escalabilidad, la eficiencia económica y el crecimiento de mercado.
En los capítulos finales, Selwyn adopta un tono más especulativo. No presenta un programa cerrado ni un conjunto de políticas detalladas, sino un campo de posibilidades. La idea de decrecimiento digital puede manifestarse de múltiples maneras: desde políticas públicas que limiten la obsolescencia programada hasta infraestructuras digitales más pequeñas y locales, pasando por modelos educativos que fomenten una relación más crítica con la tecnología. Lo importante, según el autor, es abrir un debate que hasta ahora ha estado prácticamente ausente en el discurso dominante sobre la innovación digital.
Desde el punto de vista estilístico, el libro se caracteriza por una prosa clara y accesible, más cercana al ensayo crítico que al tratado técnico. Aunque se apoya en referencias académicas y en debates contemporáneos sobre sostenibilidad y tecnología, Selwyn evita el exceso de terminología especializada. Esto hace que la obra resulte legible tanto para investigadores como para lectores interesados en comprender las implicaciones sociales y ecológicas de la digitalización.
En conjunto, el libro puede interpretarse como una intervención intelectual destinada a romper el consenso cultural que presenta la digitalización como un proceso inevitable y necesariamente beneficioso. Selwyn no propone abandonar la tecnología digital, pero sí cuestionar la fe casi automática en su expansión continua. Su propuesta consiste en imaginar una relación distinta con lo digital: más limitada, más reflexiva y más orientada al bienestar colectivo que a la acumulación tecnológica.
La fuerza del libro reside precisamente en esa invitación a imaginar. En lugar de aceptar la expansión tecnológica como destino, Selwyn plantea que el futuro digital es una cuestión política y cultural, algo que puede y debe ser deliberado colectivamente. Bajo esa perspectiva, el decrecimiento digital no aparece como una renuncia al progreso, sino como un intento de redefinir qué significa realmente progresar en una era marcada por límites ecológicos cada vez más evidentes.
Cátedra. 2026. Colección Teorema. Tapa blanda, 159 páginas. ISBN: 978-84-376-49981-8
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