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Redacción
Martes, 24 de Marzo de 2026
Astronomía

Choque entre planetas en nuestro vecindario cósmico

Todo comenzó cuando, al analizar observaciones realizadas años atrás por un telescopio, un astrónomo descubrió una estrella que se comportaba de forma muy extraña, aunque por lo demás era vulgar y anodina. La estrella, llamada Gaia-GIC-1, se encuentra a unos 11.000 años-luz de distancia de la Tierra. Se trata de una estrella que, por su clase y edad, es muy estable, como nuestro Sol, lo que significa que debería emitir una luz constante y predecible. Sin embargo, esta estrella comenzó a experimentar disminuciones temporales de brillo de manera caótica.

 

Antes de eso, la emisión de luz de la estrella era normal y estable. A partir de 2016, tuvo tres caídas de brillo. Y luego, alrededor de 2021, sus cambios bruscos se acentuaron todavía más.

 

Teniendo claro que esta desconcertante conducta no podía deberse a la propia estrella, Anastasios (Andy) Tzanidakis y James R. A. Davenport, ambos de la Universidad de Washington en la ciudad estadounidense de Seattle, investigaron el fenómeno hasta llegar a la conclusión de que los oscurecimientos en la luz de la estrella se deben a grandes cantidades de rocas y polvo pasando frente a la estrella, desde la perspectiva visual de la Tierra, a medida que este material orbitaba en su sistema solar. Según todos los indicios, esos escombros son el producto de una catastrófica colisión entre dos planetas.

 

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La estrella Gaia-GIC-1, ubicada en el punto de unión de las rayas horizontal y vertical en el centro de la imagen ampliada. (Fotos: NASA / NSF / NOIRLab)

 

“Es increíble que varios telescopios captaran este impacto en tiempo real”, subraya Tzanidakis. “Solo existen unos pocos registros de colisiones planetarias de cualquier tipo, y ninguna que guarde tantas similitudes con el impacto que creó la Tierra y la Luna”.

 

Por tanto, la observación de la colisión puede haber sido una casualidad inmensa o bien significar que las colisiones entre planetas son más habituales de lo que puede parecer.

 

Si se logra observar más sucesos como este en otras partes de la galaxia, será posible averiguar muchos detalles sobre la formación de la Tierra y de la Luna.

 

El estudio se titula “Gaia-GIC-1: An Evolving Catastrophic Planetesimal Collision Candidate”. Y se ha publicado en la revista académica The Astrophysical Journal Letters. (Fuente: NCYT de Amazings)

 

 

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