Astronomía
Fragmentación inesperada de un cometa
Unos astrónomos han descubierto, al observarlo por casualidad, un cometa en el acto de comenzar a fragmentarse. Esto está permitiendo escrutar material interno del astro, que por sus características puede ser considerado una reliquia de la época en la que se formó nuestro sistema solar. La fragmentación de un cometa es un fenómeno muy inusual, lo cual hace aún más llamativo este descubrimiento.
El descubrimiento de esta fragmentación y la posterior investigación han corrido a cargo de un equipo integrado, entre otros, por John Noonan y Dennis Bodewits, ambos de la Universidad de Auburn en Alabama, Estados Unidos.
El cometa K1, cuyo nombre completo es C/2025 K1 (ATLAS) (que no debe confundirse con el cometa interestelar 3I/ATLAS), fue observado por el telescopio espacial Hubble al comienzo de su proceso de fragmentación. El equipo estima que el cometa comenzó a fragmentarse ocho días antes de que el Hubble lo observara.
El Hubble, de la NASA y la ESA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense y europea, captó la fragmentación de K1 en al menos cuatro piezas, cada una con una coma bien definida. La coma es la envoltura difusa de gas y polvo que rodea el núcleo helado de un cometa. El Hubble logró distinguir claramente los fragmentos. Mientras el Hubble observaba los fragmentos, uno de ellos también se fragmentó.
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Un momento de la fragmentación del cometa C/2025 K1 (ATLAS). (Foto: NASA, ESA, Dennis Bodewits (AU); procesamiento de la imagen: Joseph DePasquale (STScI))
El Hubble captó estas imágenes apenas un mes después del máximo acercamiento de K1 al Sol en su trazado orbital. Este punto de máximo acercamiento, llamado perihelio, estuvo un poco más cerca del Sol de lo que lo estaba Mercurio, aproximadamente a un tercio de la distancia de la Tierra al Sol. Durante el perihelio, un cometa experimenta su calentamiento más intenso y la máxima tensión. Justo después del perihelio es cuando algunos cometas de período muy largo, como K1, tienden a deshacerse. De estos cometas de período muy largo no existe constancia de pasos previos por el perihelio y no hay garantías de que vuelvan a pasar tan cerca del Sol en el futuro. A efectos prácticos, no se les considera cometas periódicos. Se cree que K1, como otros de estos cometas no periódicos, proviene de la Nube de Oort.
La Nube de Oort es un gigantesco manto esférico que, según se cree, envuelve a nuestro sistema solar. Las gruesas paredes de esta “burbuja” son un conjunto de bloques de hielo y “escombros” varios. Algunos de estos objetos tienen el tamaño de una montaña o incluso mayor. La Nube de Oort se encuentra muchísimo más allá de Plutón y del borde más lejano del Cinturón de Kuiper y puede contener miles de millones, o incluso billones, de objetos.
Antes de fragmentarse, K1 probablemente era un poco más grande que un cometa promedio, con un diámetro aproximado de 8 kilómetros.
Los cometas son, en cierto modo, material de construcción sobrante de la era de la formación del sistema solar, por lo que su composición incluye materiales primigenios. Sin embargo, no son prístinos: han sido bombardeados por los rayos cósmicos (ráfagas de partículas) y calentados por el Sol. Eso hace que, al analizar la composición de un cometa y encontrar algún rasgo que llame la atención, exista siempre la duda de si es un rasgo arcaico o se debe a la evolución. Ahora, al observar trozos internos del núcleo de un cometa recién abierto, se puede observar con toda confianza material primigenio que no ha sido procesado.
El equipo de investigación espera con interés finalizar el análisis de los gases provenientes del cometa. Los análisis efectuados desde observatorios terrestres ya muestran que K1 es químicamente muy peculiar: tiene una cantidad de carbono significativamente menor que la que poseen otros cometas. Los próximos y muy detallados análisis de las observaciones realizadas por los espectrógrafos STIS y COS del Hubble probablemente revelen muchos detalles nuevos sobre la composición de K1 e indirectamente sobre el origen de nuestro sistema solar.
El cometa K1, o mejor dicho, el conjunto de sus pedazos, se encuentra ahora a unos 400 millones de kilómetros de la Tierra y continúa alejándose. (Fuente: NCYT de Amazings)

