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Redacción
Lunes, 11 de Mayo de 2026
Paleontología

Descubren cómo crecía el Ampelomeryx, un pariente de las jirafas

Allí donde hoy se extienden viñedos, hace 16 millones de años, en el Penedès, una comarca de Cataluña, en España, había bosques de ribera subtropicales donde vivía el Ampelomeryx ginsburgi, un rumiante de tamaño medio con el aspecto de un ciervo robusto. Su rasgo más distintivo eran unas estructuras óseas en el cráneo: dos cuernos óseos triangulares y planos situados sobre los ojos, y una estructura en forma de “Y” en la parte posterior del cráneo, formada por el hueso occipital. Estas proyecciones eran fijas y le daban un aspecto muy singular entre el resto de rumiantes del Mioceno.

 

A pesar de estar emparentado con las jirafas actuales, adaptadas a grandes espacios abiertos, este animal se movía en paisajes pantanosos, cerca de lagos, donde la abundancia de vegetación le proporcionaba alimento y refugio.

 

Millones de años después, los restos de este animal se están desenterrando en el yacimiento paleontológico de Els Casots, ubicado en la localidad catalana de Subirats. Se considera a ese yacimiento uno de los del Mioceno más importantes en toda Europa.

 

Allí, un equipo del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont (ICP), que es una de las instituciones CERCA de la Generalitat de Cataluña, ha ido más allá de la reconstrucción de su aspecto externo y ha estudiado el crecimiento del animal.

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Imagen principal: Recreación del aspecto en vida de un macho de Ampelomeryx ginsburgi. (Ilustración: Óscar Sanisidro / Ayuntamiento de Subirats)

 

¿Cómo crecía Ampelomeryx ginsburgi?

 

Estudiar la historia vital de los animales extinguidos es uno de los grandes retos de la paleontología. Saber a qué ritmo crecían, cuándo alcanzaban el tamaño adulto y en qué momento comenzaban a reproducirse permite reconstruir su estrategia vital, es decir, entender cómo repartían la energía para maximizar el crecimiento, la supervivencia y la reproducción en función del entorno.

 

Para responder a estas preguntas, el equipo investigador estudió la histología de los huesos de este peculiar rumiante desenterrados en campañas de excavación realizadas durante la década de 1990. Para ello, se prepararon láminas muy finas de hueso que se observaron al microscopio para analizar los distintos tipos de tejido óseo y las marcas de crecimiento.

 

«Los huesos conservan un registro detallado del crecimiento del animal mediante líneas o marcas de crecimiento, similares a los anillos de los árboles. Su estudio microscópico nos permite saber cuándo el animal crecía rápidamente, cuándo este crecimiento se frenaba y qué cambios importantes se producían a lo largo de su vida», explica Carmen Nacarino-Meneses, investigadora del ICP y coautora del estudio.

 

Para este trabajo se analizaron cuatro tibias, un húmero y dos metápodos (los huesos que forman la palma de la mano y la planta del pie) del Ampelomeryx, procedentes de Els Casots. Las tibias, en particular, resultaron decisivas, ya que son los huesos que mejor conservan el registro completo del crecimiento.

 

Para deducir el tiempo que tarda un animal en alcanzar el tamaño adulto, el equipo de investigación estudió el momento de aparición de un tejido óseo específico llamado Sistema Fundamental Externo (EFS), que indica cuándo los huesos alcanzan la madurez y disminuye la tasa de crecimiento.

 

Los resultados muestran que el Ampelomeryx alcanzaba la madurez esquelética y el tamaño adulto hacia los tres años de vida. Además, los huesos revelan información extra.

 

«Los datos indican que Ampelomeryx crecía rápidamente durante los primeros años y terminaba de crecer alrededor de los tres años. Pero lo más interesante es que también hemos podido inferir que la reproducción comenzaba antes de ese momento, cuando el animal aún no había alcanzado completamente el tamaño adulto, probablemente después del segundo año de vida», señala Nacarino-Meneses.

 

A partir de los dos años, se observa una desaceleración de la tasa de crecimiento en las curvas obtenidas a partir de los datos óseos, lo que refleja la edad a la que el animal comenzaba a reproducirse con éxito.

 

Un pariente de las jirafas con un crecimiento similar al de los ciervos

 

El patrón observado en Ampelomeryx, —reproducirse antes de completar el crecimiento corporal—, es característico de muchos rumiantes, como los ciervos actuales. Lejos de ser un animal de espacios abiertos, Ampelomeryx probablemente estaba mejor adaptado a los bosques de ribera y a las zonas húmedas, más propias de un ciervo que de una jirafa de sabana. La abundancia de agua y vegetación habría favorecido una vida más protegida y una reproducción eficiente.

 

Gracias a las excavaciones de Els Casots y a este estudio sobre la biología de Ampelomeryx, se ha podido relacionar esta especie extinta con su entorno y su forma de vida. El estudio abre la puerta a investigar si otros herbívoros del yacimiento, como los ciervos y los antílopes arcaicos, crecían de la misma manera.

 

El estudio, cuya primera firmante es Alexandra Viladot del ICP, se titula “Growth and life history of a palaeomerycid: inferences from the histological analysis of the long bones of Ampelomeryx ginsburgi (Ruminantia, Giraffomorpha) from els Casots (Catalonia, Spain)”. Y se ha publicado en la revista académica Journal of Mammalian Evolution. (Fuente: Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont)

 

 

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