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Redacción
Martes, 26 de Mayo de 2026
Biología

¿Por qué la selección natural no ha borrado las enfermedades genéticas?

Si la evolución es un mecanismo implacable que premia la supervivencia del más apto, la existencia de las enfermedades genéticas severas plantea una contradicción incómoda. ¿Cómo es posible que trastornos como la anemia falciforme, la fibrosis quística o la enfermedad de Huntington sigan pasando de generación en generación tras millones de años de selección natural?

 

La respuesta no es un fallo del sistema, sino una de las demostraciones más fascinantes de cómo funciona realmente la genética de poblaciones. La evolución no busca la perfección; busca el equilibrio.

 

1. El escudo oculto: La ventaja del heterocigoto

 

El motivo más sorprendente por el que algunos genes dañinos persisten es que, bajo ciertas circunstancias, brindan una ventaja de supervivencia. Esto se conoce en la medicina evolutiva como ventaja del heterocigoto.

 

Todos heredamos dos copias de cada gen (una del padre y otra de la madre). Si una persona hereda dos copias mutadas de un gen específico, desarrolla la enfermedad. Pero ¿qué pasa si solo hereda una? En muchos casos, no se enferma y, además, obtiene una especie de "superpoder" biológico.

 

El ejemplo clásico es la anemia falciforme, una enfermedad hereditaria que altera la forma de los glóbulos rojos.

 

-Dos copias mutadas: Provocan una enfermedad grave y potencialmente mortal.

 

-Una copia mutada y una normal: La persona no sufre la enfermedad de forma severa y se vuelve inmune a la malaria (paludismo).

 

En regiones históricamente azotadas por la malaria, como el África subsahariana, tener una copia del gen mutado salvaba vidas. Por eso, la selección natural protegió y propagó esta mutación en lugar de extinguirla.

 

Algo similar ocurre con la fibrosis quística en Europa Occidental; se teoriza que los portadores de una sola copia mutada tenían una mayor resistencia histórica a epidemias devastadoras como el cólera o la tuberculosis.

 

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2. El factor tiempo: Enfermedades que burlan la edad reproductiva

 

La selección natural tiene un único objetivo principal: que te reproduzcas y pases tus genes a la siguiente generación. Si una condición genética no afecta a tu capacidad de tener hijos, a la evolución simplemente "no le importa".

 

El caso más paradigmático es la enfermedad de Huntington, un trastorno neurológico degenerativo y letal. La mutación que lo causa es dominante (basta con una sola copia del gen para desarrollarlo). Entonces, ¿por qué sigue existiendo?

 

Porque los síntomas suelen aparecer entre los 30 y los 50 años. Para cuando el paciente descubre que padece la enfermedad, es muy probable que ya haya tenido hijos y transmitido el gen a la siguiente generación. La selección natural es ciega a lo que ocurre después de la edad reproductiva.

 

3. La tasa de mutación: El motor que nunca se apaga

 

Incluso si la evolución lograra erradicar por completo una enfermedad genética de la faz de la Tierra, esta no tardaría en reaparecer. Nuestro ADN no es una fotocopiadora perfecta. Cada vez que una célula se divide, existe la posibilidad de que ocurran errores en la secuencia genética.

 

Trastornos como la acondroplasia (el tipo más común de enanismo) o la hemofilia aparecen con frecuencia debido a mutaciones de novo (nuevas). Esto significa que los padres no tienen la alteración en su ADN, sino que la mutación ocurre de forma espontánea en el óvulo o el espermatozoide durante la concepción. La evolución no puede eliminar un problema que el propio motor de la diversidad genética vuelve a fabricar en cada generación.

 

4. El coste de la complejidad: Compromisos evolutivos

 

La biología está llena de trade-offs (compromisos). Para ganar una ventaja evolutiva enorme, a veces el genoma tiene que aceptar un pequeño margen de error dañino.

 

El cerebro humano es un ejemplo de ello. Nuestra asombrosa capacidad cognitiva requirió una reconfiguración masiva de las conexiones neuronales y de la plasticidad sináptica durante nuestra evolución. Sin embargo, los científicos creen que los mismos genes que nos hicieron tan inteligentes y creativos incrementaron la vulnerabilidad de nuestra especie a trastornos psiquiátricos complejos con una fuerte carga genética, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar.

 

La imperfección es el precio de la adaptación

 

La persistencia de las enfermedades genéticas nos recuerda que la evolución no es un ingeniero con un plano perfecto, sino un artesano que trabaja con lo que tiene a mano. Una mutación que hoy consideramos un defecto médico pudo haber sido la clave para que nuestros antepasados sobrevivieran a una plaga global hace diez mil años.

 

Así que no somos el producto de un diseño impecable, sino los supervivientes de un larguísimo y accidentado camino de parches biológicos.

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