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Redacción
Jueves, 28 de Mayo de 2026
Bioquímica

¿El fin de la era del plástico? El ejército oculto de hongos que devora nuestros peores residuos

Durante siglos, la humanidad ha buscado un material perfecto: duradero, barato y prácticamente indestructible. Lo encontramos en el plástico. Sin embargo, esa bendición se convirtió en maldición cuando nos dimos cuenta de que la misma cualidad que lo hace tan útil —su inmortalidad química— es la que está asfixiando al planeta.

 

Pero mientras los océanos se llenan de microplásticos y los vertederos colapsan, una solución revolucionaria podría estar creciendo, literalmente, bajo nuestros pies. ¿Pueden los hongos descomponer todo el plástico que hemos producido? La ciencia dice que sí, pero con un gran "pero".

 

Los reyes de la digestión química

 

Para entender cómo un hongo puede comerse una botella de refresco, primero debemos entender qué es el plástico. A nivel molecular, los plásticos son polímeros: cadenas larguísimas de átomos de carbono e hidrógeno fuertemente unidos. Para la naturaleza, estas cadenas son un idioma completamente nuevo y extranjero; casi ningún ser vivo tiene las "palabras" (las enzimas) para romper esos enlaces.

 

Aquí es donde entran los hongos. Estos organismos no engullen su comida como nosotros; secretan potentes cócteles de enzimas al exterior, descomponen la materia compleja en nutrientes simples y luego los absorben. Son los recicladores oficiales del planeta, acostumbrados a romper la lignina de la madera, una de las sustancias naturales más duras del mundo.

 

A principios de la década de 2010, un grupo de estudiantes de la Universidad de Yale descubrió en la selva amazónica de Ecuador un hongo llamado Pestalotiopsis microspora. ¿Su superpoder? Es capaz de subsistir alimentándose exclusivamente de poliuretano (un tipo de plástico muy común en espumas y aislamientos), incluso en ambientes sin oxígeno como el fondo de un vertedero.

 

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(Foto: Qing-Wei Tan, Fang-Luan Gao, Fu-Rong Wang, y Qi-Jian Chen)

 

Un catálogo de devoradores de polímeros

 

Desde aquel hallazgo, la micología molecular ha encontrado docenas de especies con "apetito" por lo sintético:

 

-Aspergillus tubingensis: Descubierto en un vertedero de Pakistán, este hongo puede degradar el poliuretano en cuestión de semanas, rompiendo los enlaces químicos que normalmente tardarían siglos en disolverse.

 

-Pleurotus ostreatus: El famoso hongo ostra, delicioso en la cocina, también ha demostrado capacidad para colonizar y degradar ciertos plásticos, transformando pañales usados en biomasa fúngica.

 

El mecanismo es fascinante: las enzimas del hongo (como las lacasas y las peroxidasas) actúan como tijeras moleculares, cortando las cadenas de polímeros y convirtiéndolas en compuestos más simples que el hongo utiliza para crecer o que se integran de forma segura en el suelo.

 

El gran desafío: ¿Es una solución a escala global?

 

La pregunta del millón no es si los hongos pueden degradar el plástico, sino si pueden hacerlo a la velocidad y escala que la crisis actual exige. Los humanos hemos producido más de 8.300 millones de toneladas de plástico desde la década de 1950, y la cifra sigue aumentando.

 

Lamentablemente, soltar un ejército de hongos en el océano Pacífico no va a solucionar el problema mañana. Existen tres barreras críticas:

 

-La variedad del plástico: El polietileno (PET) de las botellas o el poliestireno (corcho blanco) tienen estructuras químicas muy distintas. Un hongo que devora poliuretano puede morir de hambre sobre una bolsa de supermercado.

 

-Las condiciones ambientales: Los hongos necesitan humedad, temperatura controlada y oxígeno (en la mayoría de los casos) para trabajar eficientemente. Los vertederos compactados y los océanos fríos son entornos hostiles para ellos.

 

-El factor tiempo: Lo que a un hongo le toma semanas descomponer en un laboratorio climatizado, en la naturaleza podría tomar años debido a la falta de condiciones óptimas.

 

El futuro está en el laboratorio (y en la biotecnología)

 

La respuesta científica actual no pasa por esperar a que los hongos se coman la basura de los vertederos de forma natural, sino por la ingeniería genética.

 

Los científicos están aislando los genes responsables de producir estas enzimas devoradoras de plástico y modificándolos en el laboratorio. El objetivo es crear "superenzimas" hipereficientes que puedan fabricarse a escala industrial. Imagina plantas de reciclaje biológico donde toneladas de residuos plásticos sean disueltas en pocas horas por reactores llenos de estas enzimas optimizadas, convirtiendo la basura en nuevos materiales biodegradables.

 

Pero hay una paradoja ecológica: Aunque logremos que los hongos degraden el plástico, el proceso a menudo libera dióxido de carbono (CO2) como subproducto de la respiración celular del hongo. La ciencia actual busca cómo equilibrar este ciclo para no cambiar una crisis de contaminación por una de gases de efecto invernadero.

 

Veredicto final

 

¿Podrían los hongos descomponer todo nuestro plástico? Teóricamente, sí; en la práctica, no por sí solos. Los hongos son una de las herramientas biológicas más prometedoras que tenemos para limpiar el planeta, pero no son una varita mágica que borre nuestra huella de carbono. La solución definitiva no dependerá únicamente de la increíble bioquímica de estos organismos, sino de que los humanos cerremos el grifo: reducir la producción de plásticos de un solo uso y rediseñar los materiales del futuro para que sean los hongos quienes, de verdad, tengan la última palabra.

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