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Redacción
Lunes, 01 de Junio de 2026
Geología

Cómo los volcanes fabrican sus propias tormentas de rayos

Por lo general, asociamos los rayos con tardes grises de verano, nubes de tormenta gigantescas y el olor a tierra mojada. Sin embargo, existe un escenario mucho más apocalíptico y fascinante donde la naturaleza desata su poder eléctrico: las erupciones volcánicas.

 

El fenómeno de los rayos volcánicos ha cautivado a la humanidad desde que Plinio el Joven describiera la histórica erupción del Vesubio en el año 79 d.C. Pero ¿cómo es posible que una columna de humo y roca fundida genere una tormenta eléctrica tan violenta en su interior? La respuesta se esconde en una física extrema que ocurre a contrarreloj dentro de las nubes de ceniza.

 

La receta de una tormenta sucia

 

En la comunidad científica, este fenómeno se conoce como "tormenta sucia" (dirty thunderstorm). A diferencia de una tormenta convencional, donde el agua y el hielo son los protagonistas, el motor de un rayo volcánico es la fricción de partículas sólidas.

 

Para que se genere un rayo, se necesita una separación de cargas eléctricas: una zona de la nube debe volverse altamente positiva y otra, altamente negativa. En los volcanes, este proceso se divide en dos fases críticas:

 

1. La electrificación por fricción (Triboelectricidad)

 

En el momento de la explosión, el volcán expulsa violentamente toneladas de tefra (ceniza, rocas y fragmentos de vidrio volcánico). Al ser liberadas a presiones y velocidades extremas, estas partículas chocan entre sí millones de veces dentro de la columna de erupción.

 

Este roce constante arranca electrones de una partícula y los transfiere a otra, un proceso conocido como efecto triboeléctrico (el mismo principio por el cual te da un calambre al frotar un globo contra un jersey). Las partículas más grandes tienden a ganar una carga y las más pequeñas otra, iniciando la polarización.

 

2. Fractura de roca y radiactividad

 

Estudios recientes sugieren que la fricción no lo es todo. Cuando las rocas se fracturan violentamente durante la explosión, se rompen enlaces químicos, liberando cargas eléctricas directas (fractoemisión). Además, los gases volcánicos a menudo contienen trazas de elementos radiactivos naturales (como el radón), que ionizan el aire circundante y facilitan el camino para la corriente eléctrica.

 

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(Foto: Wikimedia Commons)

 

El "toque de hielo": El secreto en las capas altas

 

A medida que la pluma volcánica asciende y se expande en la atmósfera, entra en juego un segundo mecanismo que imita a las tormentas comunes. Al alcanzar altitudes donde la temperatura cae bajo cero, el agua atrapada en el magma y la humedad ambiental se congelan rápidamente.

 

Los cristales de hielo chocan con las partículas de ceniza magnetizadas. Este "bautismo de hielo" intensifica drásticamente la separación de cargas:

 

-Las partículas cargadas positivamente son empujadas hacia la parte superior de la nube por las corrientes ascendentes.

 

-Las cargas negativas se concentran en la base de la columna, cerca del cráter.

 

Cuando la diferencia de potencial eléctrico entre estas dos zonas es demasiado grande, el aire ya no puede actuar como aislante. El resultado es una ruptura dieléctrica: un cortocircuito monumental que llamamos rayo volcánico.

 

¿Por qué son tan difíciles de estudiar?

 

Predecir y analizar estos rayos es un dolor de cabeza para los vulcanólogos. Las nubes de ceniza son opacas, densas y destruyen los equipos de medición tradicionales.

 

Hoy en día, los científicos utilizan redes de mapeo de rayos por radiofrecuencia y satélites meteorológicos de última generación. Gracias a estas tecnologías, se ha descubierto que los rayos volcánicos se dividen en dos tipos: los rayos de apertura (pequeños, concisos y constantes, que ocurren justo en la boca del cráter durante la explosión) y los rayos de la pluma (grandes y ramificados, que se despliegan kms arriba, en la nube de ceniza).

 

Más allá del espectáculo: Su impacto en la Tierra y el espacio

 

Aparte de su innegable belleza destructiva, comprender las tormentas sucias es vital por dos razones:

 

-Seguridad aérea y civil: Los rayos son un indicador infalible de la cantidad de ceniza fina que se está liberando, lo que ayuda a trazar mejores rutas de evacuación y alertas para la aviación.

 

-El origen de la vida: Muchos científicos teorizan que los rayos volcánicos en la Tierra primitiva pudieron proporcionar la energía necesaria para sintetizar los primeros aminoácidos a partir de gases primordiales, actuando como la chispa que inició la vida.

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