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Redacción
Martes, 02 de Junio de 2026
Biología

El internet biológico que conecta los secretos del bosque

Imagine que camina por un bosque frondoso. A simple vista, los árboles parecen entidades solitarias, compitiendo en silencio por la luz del sol. Sin embargo, bajo sus pies ocurre algo extraordinario. Bajo la capa de hojarasca existe una red de comunicación tan compleja y eficiente que los científicos la han bautizado como la "Wood Wide Web".

 

A través de este "internet biológico", los árboles no solo comparten nutrientes, sino que se alertan de peligros, cuidan de sus retoños y sabotean a sus rivales. Así es como la ciencia ha descubierto que el bosque funciona, en realidad, como un único superorganismo.

 

¿Qué es la 'Wood Wide Web' y cómo funciona?

 

A finales de la década de 1990, la ecóloga canadiense Suzanne Simard popularizó este término tras demostrar que el carbono se transfería entre árboles a través de vías subterráneas. La clave de esta conexión no son las raíces de los propios árboles, sino los hongos micorrízicos.

 

Se trata de una relación de simbiosis perfecta (mutualismo):

 

-El trato: Los hongos carecen de clorofila y no pueden realizar la fotosíntesis, por lo que dependen del carbono y los azúcares que les proporcionan los árboles.

 

-El pago: A cambio, los filamentos del hongo (llamados hifas) se extienden muchísimo más allá de lo que llegarían las raíces vegetales, absorbiendo agua y minerales esenciales (como fósforo y nitrógeno) para entregárselos al árbol.

 

Cuando las hifas de estos hongos se conectan con las raíces de múltiples plantas, crean una red interconectada que une a todo el ecosistema forestal.

 

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(Foto: Wikimedia Commons)

 

La red social del bosque: ¿De qué "hablan" los árboles?

 

La comunicación a través de las micorrizas no es pasiva; es un sistema dinámico de intercambio de información y recursos que responde a las necesidades del entorno.

 

1. Solidaridad intergeneracional y "Árboles Madre"

 

En el corazón de cada red forestal se encuentran los árboles madre: los ejemplares más antiguos, altos y con los sistemas radiculares más profundos. Los estudios de Simard demostraron que estos gigantes utilizan la red para enviar un "subsidio" de azúcares a las plántulas más jóvenes que crecen a su sombra y que no reciben suficiente luz solar para sobrevivir por sí solas. El árbol madre reconoce a sus propios parientes y les prioriza el envío de recursos.

 

2. Sistemas de alerta temprana contra plagas

 

Cuando un árbol es atacado por parásitos, insectos o sequías, no sufre en silencio. Utiliza la red de hongos para enviar señales químicas de alarma a sus vecinos. Al recibir la notificación química, los árboles circundantes comienzan a sintetizar enzimas defensivas o compuestos químicos tóxicos (como los taninos) en sus hojas para volverse poco apetecibles antes de que llegue la plaga.

 

3. El lado oscuro: Guerra química y "hackeos"

 

No todo es altruismo en la Wood Wide Web. Algunas especies utilizan esta infraestructura biológica para el sabotaje. El nogal americano, por ejemplo, es conocido por enviar toxinas a través de la red para inhibir el crecimiento de plantas rivales a su alrededor y asegurar su propio territorio. Otras plantas, como las orquídeas sin clorofila, "hackean" el sistema robando el carbono de la red sin aportar nada a cambio.

 

La paradoja de la evolución: ¿Cooperación o egoísmo?

 

Este descubrimiento revolucionó la ecología forestal, desafiando la visión estrictamente darwiniana de que la naturaleza es exclusivamente una competencia brutal por la supervivencia del más apto.

 

Si bien existe competencia, la Wood Wide Web demuestra que la resiliencia del ecosistema depende de la cooperación. Un árbol individual es vulnerable a los vientos y a las plagas; un bosque interconectado regula su propio microclima, mantiene la humedad y sobrevive mejor a las crisis ambientales.

 

Por qué este descubrimiento cambia nuestra forma de salvar el planeta

 

Comprender la existencia de estas redes subterráneas es crucial en la era del cambio climático y la deforestación.

 

Cuando talamos un árbol viejo en un bosque, no solo estamos eliminando madera; estamos destruyendo el "enrutador" central de la red. Sin los árboles madre, las redes micorrízicas se debilitan, dejando al resto del bosque joven drásticamente más vulnerable a las enfermedades y al estrés hídrico.

 

Las estrategias de reforestación actuales están empezando a cambiar: ya no basta con plantar árboles en filas uniformes; es vital preservar la integridad del suelo y de los hongos que, en silencio, mantienen al mundo verde en sintonía. El bosque, después de todo, siempre ha sabido que la unión hace la fuerza.

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