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Redacción
Lunes, 08 de Junio de 2026
Historia de la Ciencia

Grandes inventos de la humanidad: La tarjeta de crédito

Hoy en día, pagar con plástico (o con el teléfono móvil) es un acto tan instintivo que roza la inconsciencia. Deslizamos, apoyamos o miramos una pantalla, y una red invisible de satélites, cables de fibra óptica y algoritmos valida nuestra identidad y solvencia en milisegundos. Sin embargo, la tarjeta de crédito no nació en un laboratorio de Silicon Valley, sino en un restaurante de Nueva York y debido a un simple olvido.

 

Esta es la historia de cómo un error mundano se transformó en una de las tecnologías de transferencia de datos y seguridad más influyentes del siglo XX.

 

La cena que cambió las finanzas

 

El relato oficial de la tarjeta de crédito moderna tiene fecha y lugar: febrero de 1950, restaurante Major’s Cabin Grill, en Nueva York. El empresario Frank McNamara se reunió a cenar con sus socios comerciales. Al llegar la cuenta, McNamara se dio cuenta de que se había dejado la cartera en casa. Para evitar la vergüenza de que su esposa tuviera que ir a rescatarlo con dinero en efectivo, negoció con el dueño del local firmar un pagaré a cambio de abonarlo más tarde.

 

Esa misma noche, McNamara llegó a una conclusión: el dinero en efectivo era un límite físico incómodo para el comercio.

 

Pocos meses después, junto a su socio Ralph Schneider, fundó Diners Club ("El club de los que cenan fuera"). Al principio, no era de plástico, sino una tarjeta de cartón que permitía a unos 200 usuarios selectos pagar en 27 restaurantes de Manhattan. No era un crédito a largo plazo; el usuario debía pagar el saldo total al final de cada mes, y los comercios asumían una comisión del 7% por la comodidad de atraer a clientes adinerados.

 

La llegada del plástico y el verdadero "crédito"

 

El modelo de Diners Club demostró que la gente estaba dispuesta a pagar por la comodidad de la intermediación. Pero faltaba el elemento que define al sistema moderno: el crédito rotativo (la capacidad de aplazar el pago pagando intereses).

 

Ese paso lo dio Bank of America en 1958 con un experimento sociológico masivo que pasó a la historia como "La gota de Fresno" (The Fresno Drop). La entidad financiera envió por correo, de golpe y sin que nadie lo hubiera solicitado, 60.000 tarjetas de crédito de plástico (la BankAmericard) a los habitantes de la ciudad de Fresno, California.

 

El caos inicial fue absoluto (hubo fraudes, robos y morosidad masiva), pero el concepto cuajó. Aquella tarjeta de plástico con una banda magnética primitiva fue la semilla que años más tarde se convertiría en la red global Visa. Poco después, un grupo de bancos competidores formaría lo que hoy conocemos como Mastercard.

 

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La ingeniería detrás del plástico: La física de la banda magnética

 

Para que la tarjeta de crédito se convirtiera en un fenómeno de masas, necesitaba una infraestructura técnica que automatizara los procesos. En la década de 1960, el procesamiento de cada pago requería llamadas telefónicas manuales para verificar los fondos o el uso de pesadas máquinas que copiaban los números en relieve mediante papel calco.

 

La revolución llegó gracias a la ingeniería de Forrest Parry, un científico de IBM.

 

Parry quería fijar una tira de cinta magnética (similar a la de los casetes de música) a una tarjeta de plástico para almacenar los datos del usuario. El problema era que el pegamento derretía o deformaba el plástico, alterando la orientación de las partículas de hierro de la cinta y destruyendo la información.

 

La solución la encontró su esposa, Dorothea Parry, quien estaba usando una plancha de ropa en ese momento. Sugirió usar el calor controlado de la plancha para fundir la cinta directamente sobre el plástico sin dañarlo. Funcionó.

 

La banda magnética permitía almacenar el nombre, el número de tarjeta y la fecha de caducidad en tres pistas codificadas. Al deslizarla, el cabezal del lector experimentaba variaciones de flujo magnético que se convertían en pulsos eléctricos: código binario puro interpretado por los primeros ordenadores financieros.

 

El Algoritmo de Luhn: Matemáticas contra el error humano

 

¿Cómo sabe un sistema informático que un número de tarjeta introducido es válido antes de realizar una consulta a la base de datos central? La respuesta está en las matemáticas discretas, específicamente en el Algoritmo de Luhn (o fórmula de módulo 10).

 

Desarrollado por el científico de IBM Hans Peter Luhn en 1954, este algoritmo es una función de suma de comprobación que valida la integridad del número de la tarjeta. No está diseñado para evitar el fraude criptográfico, sino para detectar errores accidentales (como escribir un dígito incorrecto o intercambiar el orden de dos números al teclear).

 

Gracias a este filtro matemático, los sistemas de cobro descartan errores de entrada de forma instantánea a nivel local, aliviando el tráfico de las redes de comunicación globales.

 

El salto cuántico: Del electromagnetismo a la criptografía del chip

 

Aunque la banda magnética globalizó el sistema, presentaba una vulnerabilidad crítica: era una tecnología estática. Los datos impresos en el magnetismo eran siempre los mismos, lo que facilitaba su clonación física (skimming).

 

La respuesta llegó con la tarjeta inteligente o de chip (estándar EMV, desarrollado por Europay, Mastercard y Visa). En lugar de almacenar datos pasivos, el chip es, en realidad, un microordenador diminuto incrustado en el plástico.

 

Al aproximar o introducir una tarjeta con chip (o usar tecnología NFC sin contacto), el terminal no lee los datos de tu cuenta directamente. El chip genera un token criptográfico de un solo uso. Si un hacker intercepta esa transmisión, el código obtenido es completamente inútil para una segunda transacción.

 

Hoy, la tarjeta de crédito ha trascendido al propio plástico. Al integrarse en los teléfonos y relojes inteligentes mediante la biometría, el invento que nació de un descuido en un restaurante de Nueva York ha completado su evolución: de un trozo de cartón firmado con bolígrafo a un nodo de computación segura que interactúa con el tejido financiero global.

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