Psicología
El efecto intelectual a largo plazo del tiempo pasado ante pantallas antes de cumplir 7 años de edad
Cada vez es más común que los niños y niñas pequeños usen dispositivos informáticos cuyas pantallas les brindan todo tipo de entretenimientos. Esta tendencia plantea en padres y educadores muchas dudas sobre el impacto que este tipo de actividad tendrá en su rendimiento académica posterior y en otras facetas de su desarrollo intelectual. En un estudio cuyos resultados se acaban de presentar, se hizo un seguimiento a 502 niños y niñas desde sus primeros años de vida hasta poco antes de la adolescencia con el objetivo de discernir qué efectos tiene en su intelecto a largo plazo el tiempo que pasaron ante las pantallas.
El estudio lo ha realizado un equipo internacional encabezado por Shuai Yang, de la Universidad de la Sorbona París Norte en Francia, y Natarajan Padmapriya, de la Universidad Nacional de Singapur.
Los autores del estudio comprobaron que un mayor tiempo frente a las pantallas, particularmente durante la más tierna infancia y alrededor de la edad en que se comienza a ir a la escuela, se asoció claramente con un peor rendimiento académico a los 9 años de edad y con una memoria de trabajo más débil a los 10 años y medio, en comparación con niños y niñas que habían pasado poco tiempo frente a las pantallas en esas épocas de su vida.
Estos resultados sugieren que la época de la exposición a las pantallas puede ser tan importante como la cantidad de tiempo transcurrido frente a las pantallas.
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Actividad ante pantallas o actividad sin ellas. El debate se desarrolla desde hace tiempo, pero cada vez parece más claro que la segunda opción es mejor durante la infancia. (Ilustración: Amazings / NCYT)
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños de 2 a 5 años no usen pantallas antes de los 18-24 meses y que después de esa etapa no usen pantallas durante más de una hora al día. Sin embargo, muchos niños pequeños superan estos límites.
La edad a la que pasar tiempo frente a las pantallas generó el mayor efecto nocivo años después, estuvo alrededor de los doce meses. Esto sugiere, en opinión de los autores del estudio, que la primera infancia puede ser un período de mayor sensibilidad, cuando el cerebro en desarrollo es particularmente vulnerable a un mayor predominio de la actividad frente a pantallas en detrimento de las interacciones de aprendizaje naturales.
Yang, Padmapriya y sus colegas también se sorprendieron al ver que, si bien un uso profuso de pantallas a los 2 y 3 años no tuvo las consecuencias que sí tuvo dicho uso en torno a los 12 meses de edad, esas consecuencias reaparecían cuando dicho uso profuso se hacía a los 6 años de edad, cuando los niños y niñas suelen comenzar su escolarización formal. Por lo tanto, no se trata solo de los primeros años; el uso de pantallas en etapas posteriores de la infancia aún puede ejercer efectos nocivos futuros.
El estudio se titula “Screen viewing time from age 1 to 8 years and subsequent academic performance and working memory”. Y se ha publicado en la revista académica World Journal of Pediatrics. (Fuente: NCYT de Amazings)

