Astrofísica
Menos caliente que Venus, pero ¿es realmente un planeta?
Descubierto en 2013, el planeta GJ504b viene intrigando a la comunidad científica desde entonces. Los resultados de un nuevo estudio aportan todavía más misterio.
El nuevo estudio es obra de un equipo encabezado por Aneesh Baburaj, de la Universidad de California en San Diego (UCSD) y de la Universidad del Noroeste en Evanston, Illinois, en Estados Unidos ambas instituciones. Para esta investigación, han resultado decisivas unas observaciones realizadas por el Telescopio Espacial James Webb (JWST), de la NASA, la ESA y la CSA, respectivamente las agencias espaciales estadounidense, europea y canadiense.
GJ504b está en órbita a una estrella parecida al Sol, distando de la Tierra unos 57 años-luz.
Con una temperatura estimada en 290 grados centígrados, es un poco menos tórrido que el planeta Venus. Lo llamativo es que se halla más lejos de su estrella de lo que el planeta Neptuno lo está del Sol, por lo que, teniendo en cuenta que su estrella no es muy distinta del Sol, resulta imposible que el calor que reina en GJ504b se deba a la radiación que le llega de su estrella. Más bien, parece tratarse de calor interno de ese mundo.
Aunque se le apoda “el planeta rosa” por los indicios de que puede tener predominantemente ese color, ni siquiera está claro que sea un planeta. Con una masa aproximadamente 25 veces mayor que la de Júpiter según cálculos recientes, GJ504b se sitúa cerca del límite difuso entre los planetas gigantes y las enanas marrones. Las enanas marrones con astros con menos masa que una estrella pero más que un planeta. No son lo primero porque su masa es inferior a la mínima que necesita un astro para iniciar las reacciones de fusión nuclear estelares. Tampoco se las puede considerar lo segundo porque su masa es tan grande que las dota de unas características físicas que no encajan en la definición de planeta.
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Recreación artística del Planeta Rosa, GJ504b, con su estrella a lo lejos. (Ilustración: NASA Goddard Space Flight Center)
En el nuevo estudio se ha determinado que GJ504b es relativamente viejo, con una edad estimada de entre 2500 millones de años y 4000 millones. A modo de referencia, la Tierra tiene un poco más de 4500 millones de años.
Baburaj y sus colegas han analizado observaciones espectrográficas de GJ504b efectuadas con el telescopio espacial James Webb, identificando en la atmósfera de ese astro la presencia de compuestos como vapor de agua, metano, dióxido de carbono, amoníaco y otros. No obstante, también se ha llegado a la conclusión de que posee nubes ricas en sales, algo que ha desconcertado a un sector de la comunidad científica.
El estudio se titula “JWST-TST high contrast: First direct spectroscopy of GJ504b reveals clouds and possible metal enrichment”. Y se ha publicado en la revista académica The Astronomical Journal. (Fuente: NCYT de Amazings)



