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Redacción
Jueves, 02 de Julio de 2026
Historia de la Ciencia

Selman Waksman y la revolución de los antibióticos

A mediados del siglo XX, el diagnóstico de tuberculosis equivalía a una sentencia de muerte lenta en un sanatorio aislado. Mientras la penicilina de Alexander Fleming se coronaba como la bala mágica contra las infecciones bacterianas comunes, se mostraba completamente impotente ante el implacable Mycobacterium tuberculosis. La cura no llegó del cielo, ni de los hongos del aire, sino del suelo que pisamos. El responsable de desenterrarla fue Selman Waksman, un microbiólogo que no solo descubrió el remedio, sino que inventó la palabra misma que definió una era: antibiótico.

 

Esta es la historia de cómo un inmigrante ucraniano revolucionó la medicina planetaria escarbando en la tierra, un logro que le valió el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 1952 y que salvó millones de vidas.

 

De las tierras negras de Ucrania a los laboratorios de Rutgers

 

Selman Abraham Waksman nació en 1888 en Nueva Príluja, una pequeña localidad de la actual Ucrania central, rodeada de los fértiles suelos negros característicos de la región. Esa tierra, que marcaría su destino, fue también su refugio y su objeto de estudio. Tras sufrir las severas restricciones impuestas a la comunidad judía bajo el Imperio Ruso y la trágica pérdida de su madre, Waksman decidió emigrar a los Estados Unidos en 1910.

 

Se matriculó en la Universidad de Rutgers, en Nueva Jersey, donde se apasionó por la microbiología del suelo. A diferencia de otros científicos de la época, más enfocados en los microbios que causaban enfermedades, a Waksman le fascinaba la enorme población de microorganismos que vivían en la capa fértil de la tierra. Se especializó en un grupo intermedio entre las bacterias y los hongos: los actinomicitos. Durante décadas, esta investigación pareció puramente teórica, un trabajo de nicho sin aplicación médica aparente. Pero el destino tenía otros planes.

 

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(Foto: New York World-Telegram and the Sun; Higgins, Roger)

 

La caza sistemática en el suelo: El nacimiento de la estreptomicina

 

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial y el éxito inicial de la penicilina, Waksman intuyó que la tierra albergaba armas mucho más poderosas. Sabía que los microbios del suelo competían ferozmente entre sí por los nutrientes y que, para sobrevivir, segregaban sustancias químicas para aniquilar a sus rivales.

 

A diferencia del hallazgo fortuito de Fleming con la penicilina, Waksman diseñó un método de cribado sistemático. Junto a su equipo de estudiantes de posgrado, analizó unas 10.000 muestras de suelo diferentes. Aislaron miles de colonias de microbios, poniéndolas a competir directamente contra bacterias patógenas en placas de laboratorio.

 

El esfuerzo titánico dio sus frutos en 1943. El estudiante de posgrado Albert Schatz, trabajando bajo la dirección de Waksman, aisló una cepa de la bacteria Streptomyces griseus en el suelo de una granja cercana y en la garganta de un pollo enfermo. El compuesto que producía esta bacteria demostró una capacidad asombrosa: destruía a los microbios responsables de la peste, el cólera y, sobre todo, de la temida tuberculosis. Lo bautizaron como estreptomicina.

 

El impacto que vació los sanatorios de tuberculosis

 

La estreptomicina fue el primer antibiótico eficaz de la historia contra las bacterias Gram-negativas y contra el bacilo de la tuberculosis. Los resultados clínicos parecieron milagrosos. Pacientes terminales, consumidos por la enfermedad pulmonar, experimentaban recuperaciones drásticas en cuestión de semanas.

 

En pocos años, los sanatorios de tuberculosis de todo el mundo, que albergaban a cientos de miles de personas en aislamiento preventivo, empezaron a vaciarse. La humanidad había ganado una de sus batallas más antiguas gracias a un polvo blanco extraído del fango.

 

Fue en esta época dorada cuando Waksman acuñó formalmente el término "antibiótico" (del griego anti, contra, y bios, vida) para describir de manera específica a aquellas sustancias producidas por microorganismos capaces de destruir a otros microbios.

 

Luces, sombras y el Nobel de 1952

 

El éxito de la estreptomicina catapultó a Waksman a la fama internacional, pero no estuvo exento de una intensa controversia humana y legal. Albert Schatz, el joven investigador que físicamente manipuló las placas y aisló la cepa definitiva, reclamó su parte del mérito y de las regalías económicas derivadas de las patentes, las cuales Waksman había atribuido inicialmente casi en su totalidad a la universidad y a sí mismo. Tras un amargo litigio judicial, se llegó a un acuerdo donde Schatz fue reconocido legalmente como co-descubridor.

 

A pesar de la disputa, el Comité Nobel decidió otorgar el Premio Nobel de Medicina a Selman Waksman en solitario en 1952, citando su ingenioso y sistemático método de investigación que abrió la puerta al descubrimiento de muchos otros fármacos esenciales, como la neomicina o la actinomicina.

 

Selman Waksman falleció en Hyannis, Massachusetts, en 1973, dejando tras de sí una disciplina médica completamente transformada. Utilizó la mayor parte de las regalías de sus descubrimientos para fundar el Instituto de Microbiología de la Universidad de Rutgers, impulsando la investigación pública.

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