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Martes, 07 de Enero de 2014
Microbiología

Logran la observación más precisa de un componente clave del virus de la Hepatitis C

Se ha conseguido determinar, con el máximo nivel de detalle alcanzado hasta la fecha, la estructura de una parte crucial del virus de la hepatitis C. Esta parte, una proteína conocida como E2, es la que el virus utiliza para infectar a las células del hígado.

Los nuevos datos revelan características estructurales inesperadas de esta proteína, y se espera que esta información sirva para acelerar los avances en las líneas de investigación encaminadas a desarrollar una vacuna eficaz contra la hepatitis C. El logro es fruto de los esfuerzos del equipo de Ian A. Wilson, Mansun Law y Andrew B. Ward, del Instituto Scripps de investigación, que cuenta con un campus en La Jolla, California, y otro en Júpiter, Florida, ambos en Estados Unidos.

Existe desde hace tiempo la necesidad urgente de una vacuna eficaz contra el virus de la hepatitis C. Antaño confinado a regiones geográficas aisladas, la situación cambió dramáticamente cuando el virus se propagó a escala mundial durante el siglo XX, principalmente a través de transfusiones de sangre, instrumentos médicos sin esterilizar, y agujas hipodérmicas reutilizadas.

Aunque desde principios de la década de 1990 los hospitales inspeccionan rigurosamente la sangre destinada a transfusiones y los productos derivados de ella, a fin de detectar la posible presencia del virus de la hepatitis C y evitar así infectar accidentalmente a otras personas, se estima que hay alrededor de 200 millones de personas portadoras del virus. Solo en Estados Unidos, hay más de 3 millones de personas infectadas, y en este país el virus es responsable de más muertes cada año que el VIH, el virus culpable del SIDA.

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Ésta es la nueva imagen de la proteína E2 que el virus de la hepatitis C utiliza para infectar a las células del hígado. Poder discernir con este nivel de detalle tal estructura ayudará a desarrollar una vacuna contra la enfermedad. (Imagen: Christina Corbaci, cortesía del Instituto Scripps de Investigación)

El virus de la hepatitis C fue capaz de propagarse tan ampliamente debido a que normalmente no causa síntomas, o muy pocos, cuando infecta a alguien. En muchos casos establece una infección a largo plazo en el hígado, dañándolo lentamente a lo largo de décadas, hasta que a menudo se desarrolla cáncer y/o cirrosis hepática. Un trasplante de hígado es arriesgado, pero con frecuencia el único camino para salvar la vida del paciente. Algunos medicamentos antivirales son útiles para tratar e incluso curar la infección crónica por el virus de la hepatitis C, pero los más eficaces son extremadamente caros, lo que limita su aplicación en países sin una sanidad pública potente, y además la mayoría de las personas portadoras del virus ni siquiera saben que están infectadas y que necesitan tratamiento.

Una vacuna contra la hepatitis C podría poner fin al aposentamiento preocupante del virus en la población humana, al impedir nuevas infecciones. Podría ser administrada a personas jóvenes y sanas, y nunca tendrían que preocuparse por la posibilidad de contraer enfermedades hepáticas provocadas por el virus de la hepatitis C.

Sin embargo, tal como sucede con el VIH (el virus del SIDA) y otros virus peligrosos, el de la hepatitis C utiliza contramedidas eficaces para eludir al sistema inmunitario. Estas contramedidas incluyen las regiones de rápida mutación de la proteína E2, las cuales hacen que los anticuerpos contra una cepa del virus de la hepatitis C acostumbren a resultar ineficaces contra otras cepas. La proteína E2 se reviste además con moléculas de azúcar bastante resistentes a los anticuerpos.

Para superar a estas contramedidas virales, los científicos necesitan "ver" en alta resolución atómica la estructura del virus de la hepatitis C, sobre todo la proteína E2 y su punto de unión al receptor CD81, que no varía mucho de una cepa a otra. Y aquí es donde entra en escena la reciente observación de dicho componente con el mayor nivel de detalle logrado hasta ahora.

A partir de este momento, se abren nuevas y prometedoras perspectivas de avance rápido en esta guerra médica mundial para derrotar al virus de la hepatitis C.

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